Instigadores amoroso-sexuales subconscientes

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calienta pollas

INSTIGADORES AMOROSO-SEXUALES SUBCONSCIENTES.
EL MAPA (de consciencia) DEL AMOR (y las relaciones). 

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Por un lado tenemos a mujeres que no entienden por qué son tantos los hombres que se les echan encima de tal forma que las hacen sentirse acosadas sexualmente, ni porqué se enfadan con ellas cuando no les dan lo que desean. Por otro lado tenemos a hombres que se sorprenden de la cantidad de mujeres que de un día para otro pasan de darles un trato muy amable y cortés a otro muy áspero y frío o de las veces que incluso se enfadan con ellos sin que exista ningún motivo aparente para ello.

La razón por la que estos individuos ––mujeres y hombres por igual–– sufren este tipo de situaciones de forma continuada, es siempre la misma: porque no se dan cuenta de que, desde su forma de comportamiento habitual, trasmiten la equívoca idea de desear sexualmente a la mayoría de personas ––especialmente del sexo opuesto–– con las que se vinculan.

Estos individuos se han acostumbrado a manejarse desde su energía sexual: desde el sentimiento de ser muy atractivos físicamente o, cuanto menos, muy seductores a razón de autoconvencerse de poseer ciertas características o cualidades personales arrebatadoras[1]. Es desde el desarrollo de tales sentimientos hacia sí mismos que, a la hora de vincularse con otras personas, se mueven, miran o hablan como si se hallasen frente a alguien que les atrajera o excitase sexualmente de un modo muy intenso. Incluso de sus ojos tiende a manar un destello de complicidad con el que, de un modo subconsciente, vienen a decir “¿viste lo mucho que me gusto?” que, dadas las circunstancias, bien puede ser malinterpretado con un “¿viste lo mucho que me gustas?”.

No es raro, pues, que, desde esa forma de comunicación, gestual y verbal, estos individuos hagan creer a otros lo muy atraídos que se sienten por ellos cuando, por norma general, no será así. Por lo que si las víctimas de estos ilusorios flirteos se sienten sexualmente atraídos por sus ejecutores, comenzarán a albergar y proyectar sobre ellos esperanzas de ir a ser amados ––o, cuanto menos, follados–– que no serán correspondidas. Y si lo que sienten es atracción por su personalidad, pensarán estar forjando un grado de amistad o de conexión personal que tampoco podrá ser correspondido.

El término calientapollas fue inventado para definir a las mujeres que se comportan de esta forma hacia los hombres. Si bien también hay hombres que hacen lo propio hacia las mujeres a los que podrían definirse como “calientacoños”. Pero como la posibilidad de tener sexo con una persona rara vez no conlleva también implícita la posibilidad de ir a ser amado por ella, podríamos definir como “calienta sentimientos de ir a ser amados” tanto a las mujeres como a los hombres acostumbrados a manejarse desde la energía sexual nada más que por puro hábito.

Ahora bien: ¿es esto realmente así?; ¿son tantas las personas que se acostumbran a manejarse desde la energía sexual nada más que por puro hábito?; ¿o acaso es que no es solo por puro hábito, sino, que, más bien, lo hacen por puro capricho porque obtienen alguna clase de beneficio a cambio?

Por supuesto que obtienen beneficios a cambio, siempre y cuando consigan despertar bien sea la fascinación o el deseo sexual de las víctimas de los que a fin de cuentas son sus reclamos de atención. Sobre todo porque, como has de resultar evidente, comienzan a recibir una atención y un trato de favor muy especiales.

Muchas mujeres saben que si sonríen y hace ojitos al dependiente que le atiende tendrán más posibilidades de que éste les haga un descuento o, en resumidas cuentas, le venda la mejor porción del pastel. Del mismo modo, muchos hombres saben que si seducen a la funcionario del hospital, está permanecerá muchísimo más pendiente de él, e incluso que, de ser posible, le colará en las listas de espera de ser es.

No es extraño que sean muchas las personas que se habitúen a manejarse desde la energía sexual o, lo que viene a ser esencialmente lo mismo, desde el sentimiento de ser muy deseables física o psicoenergéticamente hablando. Aunque, por descontado, antes de poder hacerlo necesitarán convencerse a sí mismas de la posesión d tales atributos personales.

Debe tenerse en cuenta que la mayoría de estas personas no son conscientes de lo que hacen en el sentido de detenerse a pensar “me expreso de esta forma porque me siento super atractiva o porque considero ser alguien fascinante”. A menudo lo piensan fugazmente y, por supuesto, tuvieron que pensarlo con bastante detenimiento en la época que comenzaron a construirse estas máscaras conductuales. Pero nunca les interesó fijar semejante detalle en su consciencia. En caso contrario, no les quedaría más remedio que el de admitir ser unas creídos y unas arrogantes… Esta última es la razón por la que manejarse desde la energía sexual, no tiende a ser un proceso de comportamiento plenamente consciente, sino más bien subconsciente. Más aun cuando, a base del paso del tiempo, llegan a automatizar sus movimientos, gestos, y miradas, hasta el extremo de no tener ya ni que plantearse mental o racional y comparativamente el hecho de ser de una forma u otra atractivas.

El manejarse desde la energía sexual no solo implica una necesidad de ser deshonesto para consigo mismo del modo referido. Sobre todo implica el ser deshonesto para con las personas con las que te vinculas de un modo mucho más grave; ya que, de una forma u otra, actúas con la intención de hacerles creer que sientes hacia ellas un grado de complicidad o conexión que no sientes, independientemente de que sea sexual, de amistad o de cualquier otra índole. Alimentas y provocas sus deseos sin tener la intención de ir a satisfacerlos. Y eso está muy feo. Pero, claro, si ya desde un primer momento a uno no le interesa permitirse a sí mismo ser consciente del porqué actúa de esta forma… ¿cómo va a llegar ni siquiera a plantearse las consecuencias que a niveles sexuales, sentimentales y afectivos, recaerán sobre quienes se dejen embelesar por sus artes hechiceras?

A diferencia de quienes alimentan su ego a base de acostarse con personas de las que luego salen huyendo como alma que lleva el diablo, los instigadores sexuales subconscientes, al no haber llegado ni tan siquiera a pretender consumar sexualmente con nadie, les resulta muy fácil justificarse. Pero lo cierto es que, sin dejar que las cosas lleguen a tanto y que las heridas se hagan tan profundas, estos últimos hacen esencialmente lo mismo que los primeros: en pos de la satisfacción de intereses puramente egoístas, inspiran sentimientos de rechazo afectivo-sexuales después de, aun por encima, haber actuado o mandado señales dando a entender lo contrario.

Aun por encima luego se quejan de que otras personas las hagan sentir acosadas sexualmente; de que dejen de tratarlas cordialmente o se enfaden sin motivo alguno; o de que individuos a los que consideraban sus amigos en realidad solo hubiesen tenido pretensiones de índole sexual.

[1] Esto no significa que sean muy atractivos físicamente o que posean tales características o cualidades personales; solo que actúan como si lo fueran o las poseyeran, independientemente de que sea cierto o no.

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