No nos dejemos engañar por los “yoguis” del postureo

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A lo largo de mi vida he observado a muchas personas que intentan exhibirse como practicantes o incluso maestros de Yoga. Algo que, por ejemplo, les he visto hacer hablando más de la cuenta al respecto; o poniéndose a realizar asanas en lugares públicos, no porque realmente tuviesen el deseo de practicar yoga en ese momento, sino porque deseaban llamar la atención de otras personas, buscando su reconocimiento o admiración. Si bien no escribo este post para señalar esta forma de conducta que incluso yo mismo he manifestado cuando ejercía menos control sobre mi ego. Como suele decirse, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Lo cierto es que, si no tuviésemos nada que aprender, no necesitaríamos recorrer el camino “del darse cuenta”.  La aventura de la “disolución” del ego comienza siempre desde un ego fuerte que jamás se disuelve por completo de un día para otro, si es que acaso en algún momento llega a disolverse por completo. Eso solo ocurre en las películas y en los cuentos de hadas. Manifestar actitudes demostrativas es, por tanto, algo inevitable incluso para quienes nos esforzamos por recorrer el camino inverso e incluso llevamos largo tiempo recorriéndolo. ¡No siempre permanecemos con la guardia alta!

Si bien desde que el año pasado por estas fechas decidí abrirme una cuenta de instagram para publicitar mi trabajo como profesor de acroyoga, que comencé a encontrarme con perfiles de supuestos practicantes y profesores de yoga que habían llevado sus anhelos de exhibicionismo hasta un extremo nunca antes visto por mí. Llegando muchos de ellos, y sobre todo muchas de ellas, incluso a utilizar sus cuerpos físicos como herramienta principal para atraer la atención del público, por descontado mostrándolos de formas en mayor o menor grado sugerentes. Como no podía ser de otra manera en este mundo en el que vivimos, comprobé que eran estas personas las que, con mucha diferencia, más seguidores tenían. De modo que son las que, desde los intentos de compensación de sus sentimientos de vacíos e inseguridad afectiva y sexual, en mayor grado contribuyen a la perversión de la que es la verdadera razón de ser del yoga. Y es precisamente esto lo que quiero dejar claro en este post para que nadie se deje engañar por las apariencias y hechizos demostrativos y sexuales de estos exhibicionistas que, aun presentándose a sí mismos como practicantes de yoga, están a años luz de practicar tal disciplina. Porque el yoga es una herramienta que tiene el propósito de ayudarnos a conectarnos con nosotros mismos a través del ejercicio de la meditación o, lo que viene a ser lo mismo, de la disolución de nuestros procesos mental-egoístas. De tal manera que, en cuanto la intención es tan solo una mera forma de atraer atención para cubrir las ya mencionadas carencias personales de sus practicantes, entonces ya no puede hablarse de práctica del yoga, sino, más bien, de práctica del antiyoga o del vampirismo energético.

Dicho esto, que conste que a mi me parece perfecto que alguien tenga la necesidad de exhibirse de la forma que sea, así sea enseñando el culo o mostrando la más variopinta gamma de lencería mientras hace ejercicio físico. ¿Creen que eso les va ayudar a llenar sus vacíos si consiguen muchos seguidores o muchos “likes” en sus fotos y videos? Pues está bien, si es eso lo que creen desde su ingenuidad, que lo hagan. Pero que al menos tengan la decencia de no decir que estás practicando yoga, ni de autoproclamarse como practicantes o maestr@s de yoga. Que lo llamen estretching, aerobic, fitness, o como les de la gana… pero no yoga. El Yoga implica el camino diametralmente inverso a aquello que hacen. Y lo peor de todo es que no solo se engañan a sí mismos, sino que contribuyen a que el publico más ignorante, que es la inmensa mayoría, también lo haga. Luego pasa lo que pasa: que te pones a dar una clase de yoga auténtico, y la gente dice “¿¡Pero que es esto!?”

Por último añadir que tampoco es necesario irse al extremo de las “Missis culitos” para caer en la falacia del yoga. Por poner el más simple y habitual de los ejemplos, resulta del todo incongruente y ridículo ponerte en posición de meditación para hacerte una foto y subirla a instagram –o a donde sea– con el único objeto de exhibirte como meditador o persona particularmente espiritual. La meditación es de uno mismo para con uno mismo y no hay nada que ver ni que mostrar más allá de lo que uno mismo percibe y descubre cuando de veras se introduce en su práctica. Piensen detenidamente en lo que digo.