El ahorro y la cohesión de los niveles de energía mediante el ejercicio de la meditación y/o detención de nuestro diálogo ––o vampiro–– interno

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El ahorro y la cohesión de los niveles de energía mediante el ejercicio de la meditación y/o detención de nuestro diálogo ––o vampiro–– interno.
El puente de la atención. Capítulo 24.

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Si nos detenemos a observar nuestros procesos mentales, comprobaremos que estos capturan innecesariamente nuestra atención durante la mayor parte del tiempo. Nuestro continuo parloteo mental, tiende a conformarse de puras sandeces: que si Fulanito nos dijo tal cosa; que si nosotros pudimos haberle respondido “A” en lugar de “B”; que si nuestra ex pareja es una mala persona por habernos dejado; que si a ver cómo reaccionare ante nuestro vecino la próxima vez que ponga la música a toda pastilla; etcétera; etcétera ––por no decir, “bla, bla, bla; bla, bla bla”––.

       Y, es más: ¿acaso necesitamos repetirnos los mismos comentarios o discursos una vez tras otra?

       Porque son muy frecuentes las ocasiones en las que, nuestro diálogo interno captura ferozmente nuestra atención, empujándonos a quedarnos enganchados dándoles vueltas y más vueltas a las mismas ideas, sin por ello facilitarnos ––más bien al contrario–– la resolución de aquellos problemas que nos apremian a planteárnoslas.

¿Necesitamos enfocar atención en todas las cosas en las que pensamos?

       En absoluto, en la inmensa mayoría de ocasiones, enfocamos nuestra atención en futilidades o ideas concernientes a situaciones pasadas o futuras que arrastran consigo la energía que pudiéramos emplear en el momento presente. Y, el presente, es el único tiempo verbal sobre el que navegamos durante la continuidad de nuestras vidas.

       Nuestros procesos mentales nos abocan a conferirles una atención y a invertir o transferirles una elevadísima cantidad de energía que bien pudiéramos emplear de maneras mucho más constructivas. Siguiendo las líneas de pensamiento que nos marcan, invertimos nuestra energía en el saco roto que éstas representan.

       Si observásemos más a menudo a nuestros procesos mentales, comprobaríamos que estos apenas nos permiten ser dueños de nuestra atención y energía; ya que, ni la una ni la otra, se resisten por sí mismas al influjo atrayente de la más leve e innecesaria de nuestras incesantes fluctuaciones mentales.

       Necesitamos tomar plena consciencia de que, por norma general, ni tan siquiera somos nosotros quienes usamos a nuestros procesos mentales, sino, que, más bien, parecen ser estos los que nos usan a nosotros a través de la captura de nuestra atención y energía.

       Circunstancia que debiera inducirnos a formular una inquietante pregunta: ¿son nuestros procesos mentales, realmente nuestros?

El más feroz y peligroso de los vampiros, es el que se halla en todo momento presente en nuestras vidas capturando nuestra atención y absorbiendo nuestra energía ––u obligándonos a invertirla dónde y cuándo a él le viene en gana––. Vampiro que todos tenemos alojado en nuestra mente, perfectamente oculto tras la máscara de nuestro ego o consciencia de ser como individuos separados del resto. Al reconocerlo nos hallaremos en disposición de comprender que, la única manera de lidiar con él, es la de, en la medida que nos sea posible, practicar el ejercicio de la meditación o detención y empleo consciente del diálogo interno. De este modo conseguiremos ahorrar o mantener cohesionada la enorme cantidad energía que, en caso contrario, derrocharíamos de forma prácticamente continuada al conferir innecesariamente nuestra atención al vampiro interno que “nuestros” procesos mentales representan.

       También son los procesos mentales ––racionales y comparativos––, los que nos abocan al desarrollo de nuestros sentimientos de autocompasión ––entre los que incluiríamos, fundamentalmente, a los de inferioridad y desamor––. Por consiguiente, en la misma medida que consigamos detenerlos o controlarlos, limitaremos el desarrollo o alimentación de tales sentimientos, así como nuestras búsquedas de compensación o encubrimiento de los mismos. Algo que implicaría dejar de llevar a la práctica la mayoría de las modalidades de vampirismo energético[1]. Motivo primordial por el que, el ejercicio de la meditación o detención ––control–– del diálogo interno, no solo redundará en beneficio de nuestros niveles de energía; también hará lo propio en los de aquellas personas con las que nos interrelacionemos.

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