Secretos del Yoga

0
7

El yoga está de moda y se reparten títulos de profesores de esta disciplina muy a la ligera, simplemente porque los depositarios de tales títulos aprenden a realizar los asanas (ejercicios físicos del yoga). No obstante el yoga va mucho más allá de lo físico. El yoga se aprende a través del acto de volcar la mirada hacia el interior y de la comprensión profunda que la perseverancia de este acto nos aporta. Por esta razón, la inmensa mayoría de “profesores de yoga” que existen en la actualidad, que nunca vivieron ni viven como verdaderos yoguis, no tienen la menor idea de qué es el yoga realmente y no disponen de los recursos internos necesarios para enseñar a nadie para qué sirve. Esta circunstancia les impide ser profesores de yoga reales, convirtiéndolos en profesores de lo que acostumbro a denominar como aerobic disfrazado de yoga. Por frustrante que me resulte decirlo, aerobic disfrazado de yoga es lo que la mayoría de personas que, siguiendo la moda, quieren practicar “yoga”, quieren hacer: ejercitar el cuerpo físico y nada más. Si les enseñas yoga, acompañando los asanas con el ejercicio de la meditación, no lo disfrutan porque no tienen la intención de esforzarse por refrenar sus procesos mentales; básicamente, porque ni tan siquiera entienden para qué puede servirles ni los muchos beneficios que obtendrían a cambio. Eso es lo que tienen las modas, que tienden a corromper y pervertir aquello que ponen de moda.

Arrojemos, pues, luz en la oscuridad: ¿Para qué sirve el yoga y, mucho más en concreto, el ejercicio de la meditación que convierte al yoga en lo que es realmente? ¿Qué es lo que casi nadie nos dice al respecto del yoga?

Almacenar y serenar nuestra energía.

Esto es algo que conseguimos al detener nuestros procesos mentales y al comenzar a respirar abdominal y apaciguadamente “de nuevo”.

¿Por qué?

A través de nuestra atención viaja nuestra energía vital (recomiendo la lectura de la obra de mi autoría  El puente de la atención). En la misma medida que dejamos de proyectarla sobre nuestros procesos mentales, impedimos que nuestra energía sea transferida a otros lugares o personas. De esta forma dejamos de derrocharla y la almacenamos.

La detención de los procesos mentales nos impide desestabilizarnos mediante el desarrollo de temores, deseos, sentimientos comparativos y desestabilizadores, etcétera. La mayoría de cosas que pensamos tan solo sirven para actuar como si de una montaña rusa para nuestra consciencia se tratase, desestabilizándola y fatigándola inutilmente. Y, aunque no lo creamos, ni siquiera los subidones resultantes del alimentar nuestro ego con ideas virtuosamente exaltadas acerca de nosotros mismos nos benefician.

La meditación profunda nos enseña a reencauzar nuestra respiración y a utilizarla como asidero para nuestra atención. En la misma medida que concentramos nuestra atención en la respiración y sus sensaciones, conseguimos desviarla de nuestros procesos mentales. De esta forma dejamos de alimentarlos con nuestra energía y nos enajenamos de ellos.

La “santísima Trinidad” del yoga es el trinomio mente, respiración y sistema nervioso/cuerpo energético. Todos se hallan interconectados y, ejerciendo control sobre uno, ejercemos control sobre el resto. Para facilitar la detención o disminución de los procesos mentales, necesitamos anclar nuestra atención a otro elemento ajeno a ellos. El ideal es la respiración, que siempre nos acompaña. En la misma medida que enfocamos nuestra atención o nos concentramos en el ejercicio de la respiración y sus sensaciones, conseguimos aislarla de los procesos mentales. De esta forma nuestra energía vital deja de ser transferida y la mantenemos con nosotros. Y en la misma medida que conseguimos respirar todo lo apaciguadamente que nos resulta posible ––sin quedarnos sin aire––, la serenamos. Durante el ejercicio del yoga/meditación convendrá que observemos cómo somos un océano de energía y cómo nuestra respiración actúa cual su oleaje, que intentamos serenar a base de respirar tranquilamente y sin ninguna prisa por terminar ninguna de nuestras inhalaciones o exhalaciones. De esta forma nos acostumbramos a luchar contra el strés, Una vez aprendida la técnica de meditación y las series de asanas correctas, el yoga debe de practicarse en solitario, sin seguir a otra persona para impedirnos desviar nuestra atención hacia el exterior ––en este caso hacia el profesor––.

Llevarse el yoga a “casa” es muy importante. Tratar de apaciguar la respiración y bajarla de la zona pectoral a la abdominal en nuestra vida cotidiana, ampliará enormemente los beneficios obtenidos en la práctica del yoga propiamente dicha.

Cuando llegamos al mundo, todos respiramos abdominalmente. Pero el aceleramiento y nuestra falta de control sobre los procesos mentales, nos induce a acelerar la respiración. Y sin darnos cuenta la subimos a la zona pectoral porque para llenarnos de aire de esta forma necesitamos menos tiempo. Y no debemos de olvidarnos de que nuestro cuerpo convierte el oxígeno contenido en el aire en energía. Respirando pectoralmente no solo obtenemos menos energía, sino que tampoco la absorbemos/digerimos con la misma efectividad que al hacerlo abdominalmente. Recuperar nuestra respiración abdominal resulta fundamental para mantener nuestros niveles energéticos en un nivel óptimo.

 

Fortalecer la atención y mantener nuestro centro de consciencia mucho más sujeto a nuestra voluntad.

Detener procesos mentales equivale a hacer pesas con la atención porque con ella ofrecemos resistencia a los primeros. Debe de tenerse en cuenta que el estado de nuestra atención determina nuestra capacidad de concentración. En la medida que disponemos de un músculo atencional más fuerte, disponemos de mayor facilidad para concentrarnos en aquello que queremos hacer. Al mismo tiempo, también disponemos de mayor facilidad para no concentrarnos en aquello que no queremos hacer. De forma que nos resulta mucho más fácil esquivar las malas influencias, así provengan de nuestros propios procesos mentales o de otras personas. Fortalecer nuestra atención equivale a la creación de un escudo psico-energético. Mantener la ecuanimidad mientras sufrimos los estiramientos que nos obligan a realizar los asanas también contribuye al fortalecimiento de este escudo, puesto que nos adiestra en el arte de mantenernos inamovibles en nuestro centro de consciencia y voluntad en condiciones de sufrimiento en mayor o menor grado extremas.

 

Habituarnos a volcar la mirada hacia nuestro interior y descubrir la interrelación inherente entre aquello que sucede dentro y fuera de nosotros.

El yoga nos permite comprobar cómo al realizarlo correctamente (y con ello aumentar y serenar nuestros niveles de energía) todo lo que vivimos tiende a experimentarse de una forma mucho más agradable y exitosa que cuando no lo realizamos correctamente (o ni siquiera lo realizamos). La consciencia mágica comienza a cobrar vida mostrándonos que el mundo es un espejo en el que podemos vernos reflejados en todo momento.

 

Alinear nuestra consciencia con nuestras percepciones intuitivas (corazón) y con el plano energético.

Nuestros procesos mentales desvían nuestra atención de las percepciones intuitivas. Acostumbrarse a detener o ejercer un mayor control sobre nuestros procesos mentales despeja el camino de la intuición hacia nuestra consciencia. Las percepciones intuitivas son aquellas que nos conectan con El Corazón y nos muestran el mundo tal y como realmente es, libre de manipulaciones egoístas de cualquier índole. La intuición nos permite percibirnos a nosotros mismos, al mundo y a las personas que nos rodean tal y como son, impidiéndonos caer en el lado oscuro del autoengaño. En la misma medida que un individuo alinea su intuición con su consciencia, sabe cuál es el camino que debe recorrer. Sabe qué y quién le conviene, y qué y quién no le conviene. Principalmente porque comienza a percibir conscientemente su propio campo de energía así como los flujos psico-energéticos (intencionales, afectivos, sentimentales) que manan de otras personas y que normalmente se mantendrían ocultos tras el amasijo de interpretaciones racional-egoístas engendradas por nuestros procesos mentales. El Corazón es la Verdad que este amasijo de interpretaciones se afana por ocultarnos. Porque a la razón y al egoísmo no les interesa la verdad, tan solo tener la razón y conseguir aquello que deseamos aun a costa de nuestro bienestar y tranquilidad de consciencia.

La intuición nos desvela que el mundo es un lugar mágico donde todo se haya interconectado o unido a todo lo demás. Y la conexión con esa magia es lo único que confiere e impregna nuestras vidas de verdadero sentido. El yoga es una de las herramientas que podemos usar para aproximarnos a ella.

Yoga Valencia.

Pincha aquí si estás interesado en recibir clases particulares de Yoga

Yoga Valencia

Yoga Valencia