Llamémosles… "ellos". 2ª parte.

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Parece ser que “ellos” han mantenido su existencia oculta a lo largo del paso del tiempo exitosamente, y que tan sólo son quizá algunos otros… Agentes secretos, quiénes conocen de su existencia y verdadera identidad. Pues les doy mi enhorabuena, pues lo mejor de todo este asunto, es que a mí, es decir, a “nosotros”, no nos tiene que importar en absoluto saber quiénes son “ellos”. Porque lo único que a nosotros nos tiene que importar, es sólo el acto de darnos cuenta de todas y cada una de esas…. Llamémoslas instalaciones foráneas que “ellos” han introducido subliminalmente en nuestras cabezas para así, posteriormente, una vez las expongamos a la luz de nuestras consciencias, poder extraerlas y recuperar la dirección natural de nuestras vidas. Lo que significa que no necesitamos del enfrentamiento directo con “ellos” para reencontrarnos con la libertad que por derecho de nacimiento nos corresponde; sólo trabajar con nosotros mismos aprovechándonos precisamente de lo que “ellos” crearon para ayudarnos a perderla. Sólo tenemos que desandar lo ya andado.

Como siempre sucede con los venenos, el antídoto de éste, también se aloja en su misma fuente de origen; es decir, en el mismo veneno. Veneno al que ya he llamado de diferentes maneras; tales como “maravillosas distracciones”, o “instalaciones foráneas”. También podríamos ponerle el nombre de conjuros, hechizos, o mensajes subliminales, pero para aclararnos mejor vamos a partir de ahora a llamarlos de una única manera; los llamaremos… Directrices. Las directrices que “ellos” nos envían, tienen el… llamémosle propósito, de hacernos creer que todo aquello que nos puede aportar bienestar y felicidad en este mundo, son tan sólo elementos externos a nosotros mismos. Tales como el dinero, títulos universitarios, imagen personal y de nuestro compañero sentimental o incluso la marca del celular que poseemos o la raza del perrito que paseamos por el parque. Sólo por mencionar algunos de entre los llamados y muy variopintos “indicadores de lo maravillosos que somos”. De esta manera es como “ellos”, consiguen que “nosotros”, estando tan preocupados por todas estas… Llamémosles mamarrachadas, no poseamos tiempo suficiente para enfocar nuestra atención dentro de nosotros mismos y darnos cuenta precisamente de eso, ¡de lo mamarrachos que somos!.

Todas nuestras energías son invertidas en lo que a “ellos” les interesa. Restando el tiempo que pasamos dormidos, invertimos la mitad de nuestro tiempo total de vida en trabajar para “ellos” sólo para luego, al salir de trabajar, invertir el resto de nuestra vida en devolverles el dinero con el que “ellos” digamos…  Nos recompensan, pagando todo aquello que “ellos” nos ayudan a sentir necesitamos.

“Ellos”, valiéndose de las directrices que de forma repetitiva nos envían, nos ayudan a forjar el más profundo de los sentimientos de vacío, y como consecuencia de ello, terminamos creyendo no tener nada dentro y creemos necesitar de “lo” y “los” demás para poder volver a sentirnos completos. Imagínense en lo que podemos llegar a convertirnos: –Ay, cariño….. ¿Te vas a ir el domingo a pescar con tus amigos…? ¡Ahhhh! ¡Sí? Tú ya no me quieres.

¡¡Joder!! ¡En auténticos parásitos!

¡Ahora! Ahora creo que al fin si ha llegado el momento, de hablar de la que es la mas terrible de las consecuencias que, como resultado de las intenciones con que “ellos” dotaron a cierto grupo de estas directrices, ha sufrido el equilibrio de nuestras atenciones y por tanto el control de nuestras vidas.

“Ellos” sabían muy bien lo que hacían, pues conocían perfectamente el funcionamiento de la psiquis humana, dado que para poder manipularla mejor, la habían sometido a un minucioso estudio.

“Ellos” habían descubierto que si querían desviar la atención de la humanidad hacia algo, solo tenían que prohibirle ese algo. Y así, a través de la iglesia, “ellos” se encargaron de hacernos creer que el sexo era algo… Pecaminoso, sucio, malo

¡Que hijos de la chingada! De entre todas las posibilidades, nos hicieron  reprimir el que era el único de nuestros instintos básicos en la vida, cuya teórica negación, no implicaría nuestra muerte inmediata.

El resultado de su jugada no pudo tener más éxito. Ya nadie hablaba de sexo, ya nadie practicaba sexo, pero nadie podía ya pensar en otra cosa. Si el sexo ya poseía de por sí la fuerza más poderosa de nuestra naturaleza instintiva, ahora además, a través de su represión, esta fuerza se vio multiplicada y pervertida, y en poco tiempo terminó convirtiéndose en la mayor de todas las obsesiones de la humanidad. Fue a partir de este momento, cuando “ellos” no sólo pudieron manipular más fácilmente a una humanidad que sólo podía pensar en cómo practicar la fornicación sin ser bien castigada o convertida en algo demoníaco por ello; sino que además, también pudieron ahora, sin que nadie los molestara, sodomizar los culitos de todos esos inocentes niñitos que acudieron a sus iglesias para seguir su mismo camino, y aprender sobre la palabra de Dios. Y así, mientras papá y mamá no podían disfrutar de una fluida y satisfactoria vida sexual, dado que sus sentimientos de culpa y prejuicios al respecto los habían dotado de eyaculación precoz e impotencia al primero y de frigidez e incapacidad para llegar al orgasmo a la segunda, enviaban a sus hijitos a la iglesia con la orden de obedecer sumisamente a los emisarios de Dios. Emisarios que allí los esperaban con sus túnicas levitando ya a un palmo del suelo.

No obstante “ellos”, habían sido todavía más astutos, y habiéndose guardado un arma secreta en la manga, esperaron pacientemente el momento oportuno para usarla.

La espera fue larga. Tuvieron que pasar, ni más ni menos que casi dos mil años de represión sexual para que llegase dicho momento. Pero cuando lo hizo, vaya si lo hizo. Todo comenzó una noche en la que toda Europa contemplaba inocentemente a través de sus televisores, el pero que muy popular concurso de Eurovisión.

Las calles de todas sus ciudades estaban vacías. Todos habían ido a ver el espectáculo. Lo que nadie podía llegar a imaginarse, era el estado de colapso que a partir de esa noche, iba a sufrir toda Europa. “Ellos” habían infiltrado a una de sus… Agentes secretos como participante del referido concurso. Dicha…. Participante, tenía… Tenía un… Pues eso, que tenía un buen par de “razones” que hubiesen sido capaces de convencer a cualquiera. No creo que a estas alturas sea ya necesario mencionar el nombre de dicha… Participante, pero si que voy a hacerlo para todos aquellos que ya sea por su mayor juventud, o por su lugar de origen, no sufrieran en carne propia… Dicho convencimiento. Su nombre era Sabrina, y cantaba una canción cuyo estribillo dudo que nadie de los que lo escucharan en su día, o mejor dicho en su noche, haya olvidado: Boys, boys, boys. Éste era el estribillo.

¿A que sí? ¿A que sí que les resulta familiar? ¡Claaaro! “Ellos”, habían estudiado tan cuidadosamente las dos “razones” que poseía Sabrina, que habían quedado completamente convencidos de que con que tan solo llegase a exponernos una de ellas, todos quedaríamos completamente convencidos, por no decir incluso fascinados, por el gran peso de dicha… “Razón”.

“Ellos” no se habían equivocado. Cuando aquella noche Sabrina cantaba su canción, y como por obra de la Diosa casualidad, dejó que en repetidas ocasiones se asomara una de sus dos grandes “razones”, la izquierda exactamente si no me falla la memoria, toda Europa no solamente si quedo absolutamente convencida, sino que además, por unos instantes, enmudeció.

Los hombres y niños se sintieron… Llamémoslo impulsados. Y las mujeres… Las mujeres se sintieron ofendidas en su más profunda intimidad.

“Ellos” lo habían logrado nuevamente. Durante varias semanas Europa no pudo pensar en otra cosa, más que en las dos “razones” que tenía Sabrina, tanto en la que sí nos había dado, como en la que se había reservado para más tarde. Porque, por supuesto, Sabrina terminó por exponernos sus dos grandes “razones”. Sólo que no viéndose entonces ayudada ni por el ambiente, ni por el efecto sorpresa, la fuerza de su exposición no terminó resultando tan convincente.

Sin embargo esto a “ellos” poco les importó; al fin y al cabo, ya habían obtenido lo que querían. La puerta que tras tanto tiempo había sido mantenida cerrada para provocar la obsesión sexual de la humanidad, ahora había al fin sido abierta para, paradójicamente, acentuar aún más dicha obsesión.

A partir de este entonces, e inspirada por los efectos producidos por las “razones” de Sabrina, la televisión se convirtió en un medio que “ellos” utilizaron, para que bajo cualquier tipo de justificación pudieran salir a toda hora y a través de todos los canales, las más diversas mujeres de todo el mundo exponiendo sus respectivas “razones”.

¿Cuáles fueron, pues, las consecuencias que sobre la atención y por tanto el comportamiento de la humanidad provoco, tras dos mil años de represión, este bombardeo constante de “razones”? ¡Fáaacil!

Por una parte tenemos a los machos. Los machos… Los machos se volvieron completamente locos. Fueron tantas las “razones” que les dieron después de tanto tiempo de silencio, que terminaron perdiendo la suya propia.

Por la otra parte tenemos a las hembras. Las hembras… Las hembras se sintieron profundamente insultadas, se sintieron tratadas como meros objetos sexuales, y como es evidente, se pusieron a la defensiva al respecto. De este modo, cuando todos esos machos ya completamente trastornados e incluso babeantes, salieron a las calles en busca de estas hembras y de sus correspondientes “razones”, éstas, sintiéndose entonces aún más insultadas, les dieron con la puerta en sus narices.

No obstante, también las hembras cayeron en la trampa. Habían sido tantas las “razones” que por televisión les habían expuesto también a ellas acompañadas del ideal de la belleza perfecta, que estas terminaron por sentirse acomplejadas con sus propias “razones”, y acabaron buscando también tanto el reconocimiento de las que eran sus “razones”-por su puesto por parte de los machos- como la perfección de éstas emperifollándose y engalanándose de las maneras mas vistosas y sugerentes imaginables. Imagínense el efecto que, dadas las circunstancias, esto produjo sobre los machos. Los pobres ya no supieron ni hacia donde dirigir sus miradas sin correr el riesgo de encontrarse con alguna “razón” digna de investigación que les terminara dejando simplemente con eso; con las ganas de realizar la pinche investigación. A estos únicamente les quedó un lugar al que acudir; a la pornografía y, subsiguientemente, a la masturbación. Lo cual fue causa de un degeneramiento aún mayor de sus vidas sexuales, y por tanto como reflejo, también de las de ellas. “Ellos” lo habían conseguido nuevamente. El sexo nos había vuelto a todos aún más tarados, y por tanto más manipulables, de lo que ya lo estábamos.

Y es que tal y como ya hemos ido viendo por el camino que hasta aquí nos a traído, “ellos” no sólo necesitan del crear las directrices con las que… Vamos a llamarlo reacondicionar nuestras intenciones de vida; también necesitan de medios para la propagación de dichas directrices: los medios de comunicación. Tales como sobre todo antiguamente lo fue la Iglesia, y actualmente lo son periódicos, revistas, emisoras de radio y anuncios publicitarios callejeros; es decir, la fabulosa… Maravillosa… Esplendorosa… televisión. Ella los incluye a todos. Ella es la gran caja de embrujos que alberga en su interior el increíble poder necesario para transformar al ser humano en lo que actualmente se ha convertido; es decir, de transformarnos a nosotros los seres humanos en auténticos….. Llamémonos productos sociales. Ella, teleculitos, es la gran emisora de las directrices que cortocircuitan nuestras vidas. Ella es nuestra gran enemiga y, como tal, debemos conocerla bien si queremos combatirla con éxito. Así pues, esta va a ser la razón por la que aquí y ahora vamos a realizar un estudio en profundidad de los verdaderos orígenes de la televisión. Orígenes que por muy difícil que parezca de creer, se encuentran estrechamente ligados a los de Dios y a los de la…. Llamémosla Santísima Iglesia.

Ahora bien, muchos de ustedes podrían decirme que sí, que claro, que es evidente que el origen de la televisión está ligado al de Dios, dado que él es el origen de todo.

No se dejen engañar por favor. Eso es precisamente lo que tal y como ahora veremos, “ellos” quieren que creamos. Pero realmente, de lo único que Dios fue y es origen, es de la Iglesia y de la televisión, ambas, tal y como ahora veremos también, diferentes modelos de una misma cosa.

No obstante para llegar a entender mejor todo esto, vamos a tener que dar un pequeño saltito atrás en el tiempo. Después de que “ellos” hicieran creer al ser humano en la existencia de un Dios todopoderoso externo a él, el ser humano, es decir nuestros antepasados, no tuvo más opción que terminar sintiéndose un vulgar juguete del destino; un ser vació, inútil, carente del poder necesario para gobernar su propia vida que dependía del de otro ser mucho más poderoso que él. Un ser al que mas valía la pena temer y obedecer. Y ya no sólo porque al morir pudieras ser enviado a las calurosas llamas de los infiernos, sino porque además corrías el riesgo de que “ellos”, te hicieran sucumbir a ellas directamente aquí, en la hoguera. Qué fácil les fue entonces a “ellos”, desde sus Iglesias, mediante el transmitir la llamémosla…. Palabra de Dios, hacernos hacer y pensar todo aquello que a “ellos” les interesaba.

Si bien todo esto fue sólo necesario en el pasado, ahora todo, gracias a los avances de la ciencia y de la tecnología, ha evolucionado; ahora es todo mucho más fácil. Ya no necesitamos de iglesias; ahora pueden decirnos todo lo que tenemos que hacer por televisión. ¡Por favor, sí! Siéntese aquí y enchufe el televisor, que le vamos a absorber el cerebro y a instalar uno nuevo; uno mucho mejor adaptado para el…. Llamémosle medio.

Ya no necesitan amenazarnos con el infierno si no vamos a la iglesia, ahora nos tienen enchufados directamente por vena, en el sillón de nuestras casas. Antes necesitaban del asustarnos para que escuchásemos sus directrices, ahora sin embargo ya no podemos vivir sin ellas.

Miren, se que es difícil de creer, pero por favor, créanlo; el modelo de televisión mas arcaico jamás inventado y que aún se tiene en uso es la Iglesia. Iglesia y televisión son, esencialmente hablando… Sinónimos. Lo único que las diferencia es que el modelo moderno televisión, dejó totalmente obsoleto al modelo antiguo Iglesia. La Iglesia y la televisión sólo fueron inventadas para poder hacernos llegar el primero de los programas televisivos jamás inventado, es decir, el que inicialmente fue llamado… La palabra de Dios. Es decir, la palabra de llamémosles….”ellos”.

¿Quién de nosotros cuando era niño no veía televisión día tras día hora tras hora? ¿Quién de nosotros no veía televisión cuando nuestras mentes aún eran vírgenes, como un papel en blanco, listas para moldear? Todos nosotros fuimos profundamente embrujados cuando éramos inocentes niñitos; y ahora nos bombardean repetitivamente una y otra vez con esas mismas directrices que ya anteriormente nos introdujeron. Pues a “ellos” nada les interesaría que nosotros llegáramos a olvidar que el que va de negro es el malo de la película; esto es, que todo aquello que desconocemos de nosotros mismos y del mundo en el que existimos, dicho de otra manera nuestro lado oscuro, es malo. Lo que esto significa exactamente, es que a “ellos” no les conviene que nosotros avancemos en el camino del verdadero conocimiento. No vaya a ser que un día despertemos, y les arruinemos la fiesta. Pero bueno, lo que sí debemos aprender, siempre que queramos vivir una buena vida, es a hacer ecuaciones. Y después siempre podemos memorizarnos todas las capitales de todas las naciones del mundo y no se que otras cuarenta y ocho mil mamarachadas más. Así sí seremos alguien de provecho en la vida. Y no importa, queridos amigos, si ustedes ven o no ven, o vieron o no vieron la televisión. Porque cuando salgan de sus casas se van a encontrar con toda una manada de muertos vivientes, entre los cuales podríamos incluir familiares, pareja, amantes, amigos, conocidos y desconocidos, que van a transmitirles esas mismas directrices y no les van a dejar indiferentes a ellas.

Todos nosotros estamos infectados y somos fuente de inspiración para todos aquellos que nos rodean. Vivimos amarrados al mundo que “ellos” construyen gracias a unos llamémoslos lazos energéticos invisibles que “ellos” nos enseñaron a crear, y que no sólo se encargan de impedirnos a nosotros mismos que salgamos volando, sino que además también se ocupan de que ninguno otro lo haga en nuestras proximidades; no vaya a ser que alguien nos muestre el camino de vuelta hacia la libertad.

Que bella historia; la de una gran familia, la humanidad, que sin darse cuenta construye su propia mazmorra, su propia prisión en la que vivir todos juntitos, encerrados, sin permitirse los unos a los otros la mas mínima posibilidad de reencontrarse con un “más allá” que libere a sus almas del eterno aburrimiento, de la muerte en vida. Una gran familia en la que todos sus componentes reflejan al resto la más variada amalgama de inutilidades a las que dedicar sus vidas. Con lo que quiero dar a entender que debemos de tener mucho, pero que mucho, mucho cuidado, porque la verdad es que de “nosotros” a “ellos” puede haber tan sólo un pasito apenas imperceptible. Aunque eso sí, serán sólo los más pervertidos de entre “nosotros” los que lleguen a interpretar con exactitud el papel de “ellos”; pues por muy maravillosa que parezca esa…. Llamémosla sensación de poder originada por el controlar y exprimir a los demás, la realidad es que los primeros y más auto engañados son “ellos”. Circunstancia que se ve reflejada en el paradójico hecho de que aquello con lo que intentan vanamente sentirse tan grandiosos, es decir engañando a los que les rodean para hacer que dependan de todo aquello que a “ellos” les interesa, les conduce a “ellos” a la misma situación que a sus victimas; es decir, a la dependencia de algo externo a ellos mismos, sus victimas, y por tanto al vacío e intranquilidad interior eternos.

La de “ellos” es verdaderamente una historia muy triste; la mas triste de todas las historias jamás narradas. Como la del Conde Drácula: una historia que relata cómo a un ser humano, a cambio de su vida inmortal, le fue entregada en el mismo lote, una vida inmortal de puro vacío y dolor. Vació y dolor originados por su total y absoluta dependencia de la sangre de sus semejantes para el poder mantener no sólo su continuidad, sino también su vida. Vacío y dolor acentuados además por el profundo asco que por sí mismo sentía al verse obligado a causar malestar a sus hermanos para así posibilitar la prolongación de la más horrible de todas las vidas: la suya propia.

Así es amigos, debemos de permanecer muy atentos si no queremos “también nosotros” acabar de vender nuestras ya medio vendidas almas, convertirnos en uno de los primitos del Conde Drakul, y  terminar “también nosotros” habitando en la más absoluta soledad de un majestuoso castillo forjado del mas puro vacío, alimentándonos de la energía de todos esos otros vampiros inconscientes de su condición que por nuestros alrededores deambulan; es decir del resto de la humanidad… Nosotros. Todos nosotros.

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La foto corresponde a una imagen de la película Matrix, dirigida por los hermanos Wachowski.