La generación de los empantallados (los nuevos jonkies)

0
361

Hasta hace algunos años atrás, no era raro cruzarte por la calle con algún tipo de jonkie. Todos los días podías ver a alguno. En Europa eran más comunes los avistamientos de heroinómanos, así como en las américas los de adictos a la pasta base de la cocaína (también conocida como crack, paco, bicha, basuco, etcétera). En cada lugar podían encontrarse diferentes tipos de jonkies dependiendo de qué drogas tenían más a mano.

Sin embargo a día de hoy se están produciendo continuos avistamientos de un nuevo tipo de jonkie, a todas horas y en todos los países y continentes del mundo. Sin importar en qué lugar te encuentres, siempre puedes avistar a alguno de estos nuevos jonkies. Se encuentran por todas partes: en las paradas de autobús y metro o subidos ya en cualquiera de estos vehículos, caminando por la calle o parados en los semáforos, sentados en los bancos de los parques, en las colas de los bancos y oficinas gubernamentales, en sus puestos de trabajo, en las escuelas… ¡Son una verdadera plaga! No importa hacia donde mires o con quién estés. Quedas con un amigo para pasar un rato con él y resulta que se pasa casi todo el tiempo pendiente del móvil. Tus compañeros de piso o familiares ni si quiera son capaces de sentarse a la mesa y compartir contigo un rato de tertulia mientras coméis o cenáis; no, ahora ya ni siquiera para ellos existes en esos momentos. Quizá incluso tampoco tus seres más allegados existan ya para ti porque tú seas igual o más jonkie que ellos. Todos miran sus pantallas, así sean de sus televisiones, de sus PCs o de sus móviles.

La verdadera razón de ser del desarrollo de las adicciones, es que éstas ayudan a los adictos a evadirse de sí mismos. Sufrimos problemas o simplemente nos sentimos en mayor o menor grado vacíos, y nos evadimos de nosotros mismos creándonos una película u obsesión alternativa. Desviar nuestra atención y energía hacia otra parte porque la visión que tenemos de nosotros mismos no nos agrada.

Si bien anteriormente estábamos avisados, nos decían “la heroína es muy pelígrosa” o “ten cuidado con la cocaína que es adictiva”. Incluso estaba mal visto ser un consumidor de éstas u otras sustancias consideradas drogas y/o adictivas. Solo para empezar… ¡Eran ilegales!

Ahora el panorama ha cambiado por completo. La nueva “sustancia” que está convirtiendo al planeta tierra en jonkielandia no solo es legal, sino que se está convirtiendo en un elemento indispensable en nuestras sociedades. El desarrollo tecnológico nos invita a ello hasta el extremo de dejar de ser usuarios de nuestros PCs o teléfonos móviles para pasar a ser sus esclavos. Mirar una pantalla es lo normal, casi puedes sentirte raro si no lo haces. Puedes incluso no saber qué otra cosa hacer si no lo haces. La gente ya no se relaciona con quien tiene delante, sino con quienes están al otro lado de sus pantallas; la gente ya no se conecta consigo misma o con el mundo que le rodea, sino con aquello que está al otro lado de sus pantallas. Redes sociales, páginas de contacto, pornografía, prensa internacional, rosa o deportiva… cualquier cosa al otro lado de la pantalla puede capturar nuestra atención y llevarse consigo nuestra energía y vida porque siempre la llevamos encima, en cualquier parte y en cualquier momento. Y nadie nos alerta contra ello. Al contrario, nos alentan a ello: la sociedad, la gente que nos rodea con su mero ejemplo… El peligro no puede ser mayor porque ésta es una forma de adicción que todos desarrollan sin ser conscientes de ello o, cuanto menos, sin juzgarla como mala o perjudicial para sus vidas.

La adicción a la pantalla ya ni siquiera puede ser tratada como una mera adicción, sino como la peor plaga o pandemía que asoló nunca a la humanidad. Porque ya no puede hablarse de casos aislados de jonkies, sino de toda una generación planetaria que trasciende lugares de procedencia, razas, religiones, edades o clases sociales: la generación de los empantallados.

Dicho todo esto, solo queda responder a la siguiente pregunta: ¿Qué podemos hacer al respecto?
Muy sencillo: aprender a discernir cuándo tenemos la intención de mirar una pantalla de forma constructiva y cuándo de forma evasiva, y evitarnos hacerlo en cualesquiera de estos últimos casos. De esta forma, no solo romperemos nuestra propia adicción y volveremos a recuperar el control de nuestras vidas, sino, que, indirectamente, también daremos el ejemplo correcto a seguir a quienes nos rodeen o puedan tomarnos como ejemplo.