El hembrismo es el mayor enemigo del feminismo (y el asesinato de Sota)

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El hembrismo es el mayor enemigo del feminismo

Hace apenas unos días atrás, terminé de escribir un artículo al que di el nombre de “como soy hombre educado en el machismo del patriarcado, tengo miedo a decir “tengo miedo”, cuyo propósito es el de hacer ver que la educación machista del patriarcado no solo perjudica a las mujeres y beneficia a los hombres, sino, que, dependiendo de las circunstancias, también beneficia a las mujeres y perjudica a los hombres.

Como soy consciente de que éste es un tema delicado, hice algo que nunca antes había hecho antes de promover un artículo por las redes sociales: se lo envié tanto a una amiga como a un amigo para que me dieran su opinión al respecto. Y ambos dos coincidieron en señalarme que debía cuidarme del uso que le daba al término “feminismo”, más concretamente en este párrafo:

Mientras las cosas se vean solo desde un único prisma, resultará inevitable que la separación y el enfrentamiento entre los sexos sea cada vez mayor. De esta forma el machismo no será eliminado; se hará cada vez más fuerte desde el empuje de un feminismo iracundo  y carente de empatía hacia los problemas del hombre.

Para empezar aclarar que cuando escribí “un” al decir “un feminismo”, no me refería al feminismo en general, sino al que creía ser un tipo de feminismo concreto que veo manifestar a algunas mujeres. Si bien mis amigos insistieron en que no era correcto usar el término “feminismo” en ese contexto, ya que el feminismo lucha por la igualdad y sí tiene empatía hacia los problemas del hombre. Me aseguraron incluso que el feminismo tenía discursos muy similares al que yo había desarrollado en mi artículo, enfocados precisamente en los problemas del hombre por ser hombre educado en el machismo del patriarcado.

Todo esto contrastaba con mis propias experiencias, ya que yo creía haberme topado y continuar topándome con muchas “feministas” que no solo mostraban una total carencia de empatía hacia los hombres, sino, que, además, parecían hallarse cargadas de odio, resentimiento y prejuicios hacia la totalidad del género sexual masculino.

Fue una chica a la que aquel mismo día conocí paseando al perro a la que le hablé acerca del artículo que estaba por publicar, la que me explicó que aquello a lo que yo llamaba “un feminismo iracundo y carente de empatía hacia los problemas del hombre”, no era ningún tipo de feminismo, sino hembrismo. Luego dejé que el maestro “google” me ilustrara a respecto, y constaté que lo que esta chica me había dicho era cierto.

Llegados a este punto, comprendí que resultaba vital no confundir hembrismo con feminismo; ya que mientras el feminismo se esmera por encontrar la igualdad y el respeto entre los sexos, el hembrismo ––también conocido como feminazismo–– se comporta como una versión de la peor clase de machismo, pero a rol cambiado.  Si bien lo cierto es que tanto la peor clase de machismo a la que acabo de referirme, como el hembrismo, poco o nada tienen que ver con un problema de sexismo educacional, sino más bien con personas que se han sentido maltratadas por individuos del sexo opuesto y que han proyectado su resentimiento hacia la totalidad de su género sexual. Sus heridas las ciegan y, desde su ceguera, confunden y ciegan también a otras personas. Tanto es así que, hoy en día, es innumerable la cantidad de hombres ––e incluso de mujeres–– que sienten rechazo hacia el movimiento feminista por culpa de los discursos y formas de comportamiento de mujeres que creen ser feministas, cuando lo que son en realidad, es hembristas. Es por esta razón que considero que el principal enemigo del feminismo, es el hembrismo, ya que las hembristas hacen creer a muchas personas que el feminismo odia y discrimina al hombre, cuando no es así.

Estas mujeres, desde la ceguera causada por sus propios traumas, hacen creer al público ignorante en general ––que no es poco––, que el feminismo es un movimiento separatista y discriminador, cuando, en realidad, es todo lo contrario. Estas mujeres necesitan comprender que, llevadas en alas de su odio y resentimiento ––engendrados desde sus miedos y heridas personales sin cicatrizar  correctamente––, están haciéndole un daño incalculable a un movimiento que mira por su propio bien y el de toda la humanidad en general.  Y el resto de hombres y mujeres todavía ignorantes al respecto de estas cuestiones, necesitamos dejar de serlo y dejar por tanto de confundir los discursos hembristas con los feministas, para no cometer el error de generar rechazo hacia un movimiento que ha surgido para ayudarnos a todos por igual.

También debo de señalar, que hay muchas mujeres que mientras se quejan del machismo, son machistas o incluso muy machistas sin darse cuenta de ello,  o para lo que les interesa. Y tampoco ellas ayudan, desde su machismo ciego y/o interesado, a la causa feminista e igualitaria.

Esta misma mañana, justo antes de publicar este artículo, he leído una publicación realizada por una mujer en facebook. Dedicaba prácticamente toda su publicación a hablar de los miedos que sentía por el hecho de ser mujer y de ver los crímenes ––violaciones y asesinatos–– sufridos por mujeres a manos de los hombres. Hasta ahí todo bien. Pero cerraba la publicación añadiendo este párrafo dirigido a los hombres: “Dime que soy una feminazi y una histérica, mientras sales a correr solo, vuelves a casa de noche, te vistes como te da la gana y no sientes miedo ni un solo día.”

Esta mujer no debe ser señalada feminazi, como ella misma insinúa, sino como machista. Machista porque da por hecho que los hombres, por ser hombres, nunca tenemos miedo; machista porque mientras sí es capaz de ver la debilidad en la mujer, es incapaz de ver las debilidades en el hombre. Y eso es precisamente lo que nos enseña a hacer el machismo.

Esta fue mi respuesta dirigida a la parte final de su comentario (aunque el mensaje ya debiera haber quedado claro, la adjunto porque quiero aprovechar este espacio para hablar del asesinato de Sota, que si me ha partido el alma a mí, a su dueño ni me imagino): “Con todo respeto, siento mucho tener que contradecirte. Pero lo cierto es que los hombres también tenemos miedo muchos días de nuestras vidas, y en muchos momentos. Otra cosa es que también tengamos miedo de reconocerlo abiertamente por haber sido educados en el machismo del patriarcado. Deberías observar que tan machista es el hombre que va de “machito” creándose una imagen de no tener miedo a nada, como tu comentario al respecto de que los hombres no tenemos miedo a nada. Por cierto, no sé si sabes que hace unos días un policía asesinó a la perrita de un chico en Cataluña, que aun por encima luego fue detenido. Que sepas que seguramente eso no le habría pasado de ser mujer en lugar de hombre. Porque los policías, además de machistas, también suelen ser muy machitos, y es en otros hombres y no en las mujeres donde suelen ver a sus muchos rivales imaginarios. Ese fue un crimen machista y de violencia de género sufrido por un hombre ––y su perrita–– a manos de otro hombre con la complicidad de otros hombres ––los policías que acompañaban al asesino––. Pero en estas cosas no nos fijamos porque tanto hombres como mujeres somos machistas. Todos tenemos problemas en esta sociedad machista; los hombres por ser hombres, y las mujeres por ser mujeres. Pondría la mano en el fuego que a ti los policías no te han dado ni la mitad de sustos que a mí, e incluso que jamás ninguno de ellos te puso la mano encima, por lo menos para golpearte. De todas formas, lo que vengo a decirte, es que este tipo de mensajes carentes de total empatía hacia uno de los géneros no ayudan a solucionar nada.”

Un fuerte abrazo a Tauri Ruusalu, el dueño de Sota, la perrita asesinada por un agente de la guardia urbana de Barcelona.