Sensaciones y consecuencias vinculadas al cuerpo energético y a las transferencias de los flujos de energía vital.

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cuerpo energético

Descripción de las sensaciones y consecuencias asociadas a la emisión o recepción de los flujos de energía vital.
El puente de la atención. Capítulo 8.

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Cuando transferimos nuestra energía vital sobre otras personas

Las sensaciones que nos ocasionan las transferencias de energía vital que realizamos sobre otras personas son, básicamente, de desprendimiento o desinflamiento. Y su influjo posee un carácter relajante que puede intensificarse hasta el extremo de resultarnos cansino o incluso soporífero. Un influjo que, como televidentes, a todos nos resultará bastante familiar.

        Cuando conferimos atención al televisor, no nos es conferida a cambio ninguna otra forma de atención[1]. El proceso de trasferencia atencioenergética es unidireccional.

       En lo que concierne a la energía vital, la televisión actúa como si de un agujero negro se tratase; independientemente de que, en algunas ocasiones, sus telespectadores se sientan estimulados debido a las emociones, sentimientos o procesos mentales que, el contenido de la programación pueda abocarles a desarrollar. Motivo por el cual, no debemos caer en el error de dar por sentado que, por el simple hecho de conceder más atención de la que recibamos, así sea a un televisor, a otra persona, o a cualquier otra cosa, estaremos regalando o malgastando nuestra energía vital. En caso contrario correremos el peligro de convertirnos en unos avaros atencioenergéticos.

       Que derrochemos nuestra energía vital, o que, en cambio, la invirtamos productivamente, dependerá tanto de en qué circunstancias como de hacia qué foco confiramos nuestra atención.

       Ahora mismo, estamos volcando nuestra atención sobre unas palabras escritas en un trozo de papel ––material o digital–– que no nos corresponde atencionalmente en grado alguno. Es decir, que estamos transfiriendo nuestra energía vital sobre un elemento físico que no nos transfiere la suya. No obstante, esto no tiene porqué significar que nuestra energía caiga en saco roto. Que la invirtamos productivamente o que la malgastemos, dependerá de que estemos leyendo algo que nos resulte estimulante o no.

Cuando seamos nosotros quienes, de un modo prolongado, confiramos nuestra atención y transfiramos nuestra energía vital a otras personas, tenderemos a sentirnos como de capa caída ––sobre todo si no nos ofrecen a cambio alguna aportación estimulante––. Y, si no invertimos el curso de estas situaciones ––mediante el vuelco del efecto reloj de arena––, nos sentiremos invadidos por un creciente sopor que tenderá a manifestarse mediante unos reveladores bostezos.

       Al caer presas del influjo que estas situaciones ejerce sobre nuestros niveles de energía vital, nos sentiremos despojados de nuestra capacidad de iniciativa o reacción para buscar una salida o ejercer algún tipo de control sobre a las mismas. Su inercia decadente tenderá a sujetarnos al objeto de nuestra atención; como si hubiésemos caído presas de alguna suerte de hechizo hipnótico.

       ¿A quién de nosotros no le ha sucedido que, deseando abandonar una reunión en la que su presencia no era obligatoria ––como cuando nos juntamos para pasar un rato entre amigos––, le ha costado un mundo hacerlo porque no encontraba en su interior el impulso necesario para ello?

      De ser así, sólo tendremos que exprimir un poquitito más a nuestra memoria, y comprobar cómo durante estos momentos de falta de reacción involuntaria no estábamos siendo nosotros el centro de la atención circundante.

Otro claro indicador de estar sufriendo una prolongada perdida de energía vital en la compañía de otras personas, es el del aburrimiento que éstas nos inspiran al reclamar nuestra atención sin ofrecernos estímulos racionales, emocionales, o sentimentales lo suficientemente sugerentes.

Todas las sensaciones vinculadas a nuestras transferencias de energía vital, se hacen mucho más ostensibles cuando nos sentimos forzados a conferir nuestra atención, que cuando lo hacemos de buena gana. La sensación de estar bailando al son que otros nos marcan o librando batallas que no nos incumben, nos ayudará a, cuanto menos razonar, estar transfiriendo una cuantiosa cantidad de energía vital en contra de nuestra voluntad sobre quienes nos la inspiran.

Nuestro lenguaje corporal manifestará señales asociadas a la pérdida de energía vital; tales como las de la inclinación de nuestra espalda, el decaimiento de nuestros hombros y cabeza, y la quietud física en general. Una quietud que, cuando algo nos llama muy intensamente la atención, pudiera manifestarse en la forma de parálisis; como sucede cuando algo o alguien nos asusta. Circunstancia que nos permite deducir que, no es en sí mismo el miedo el que nos paraliza, sino el déficit energético que sufrimos al volcar tan intensamente nuestra atención sobre el foco que nos lo inspira.

Es a la altura de nuestro plexo solar, desde donde nuestra energía vital, a través de nuestro tercer chakra, sale transferida hacia el exterior.

       Es en esta zona de nuestro cuerpo donde la sensación de desprendimiento de energía vital se hará más ostensible.

       Cuando sufrimos un sobresalto repentino, como por ejemplo un susto ––circunstancia que implica que, de un solo golpe, algo o alguien atrajo muy intensamente nuestra atención––, percibiremos con bastante nitidez cómo la sensación, que acostumbrará a manifestarse como un fuerte desgarro, se produce en nuestro plexo solar. Todos recordaremos haber experimentado esta sensación ––aparentemente física[2]–– en numerosas ocasiones. Incluso recordaremos que, en muchos de estos casos, nos echamos instintivamente la palma de nuestra mano hábil sobre esta zona de nuestro cuerpo; como intentando taponar con ella la torrencial salida de energía vital que el sobresalto hubo de ocasionarnos. Un acto reflejo corporal subconsciente que demuestra que, pese a no haberlo procesado racionalmente con anterioridad, intuitivamente sí percibimos los flujos de energía vital que transferimos hacia aquellos elementos o personas a los que conferimos nuestra atención.

       Llevarnos un buen susto nos brindará una excelente oportunidad[3], no solo para sentir, sino incluso para llegar a “ver” con bastante claridad, cómo nuestra energía vital saldrá desprendida desde el área de nuestro plexo solar, hacia el lugar donde se encuentre el objeto de nuestra atención.

       Todos podemos llegar a “ver”, tanto nuestros cuerpos energéticos, como los flujos de energía vital que transfieren o les son transferidos, hacia o desde otros cuerpos energéticos.

       Si estoy entrecomillando el término “ver”, es porque este “ver”, no es un “ver” ocular, sino energético-corpóreo.

       De darse el caso de que lleguemos a “ver” cómo los flujos de energía vital se desprenden o llegan hasta nosotros, no lo haremos con nuestros ojos, sino con uno de entre los diferentes sistemas perceptuales ––intuitivos–– que se encuentran alojados en nuestros cuerpos energéticos[4].

       Lo más normal será que, de llegar a “ver” cómo un flujo de energía vital se desprende de nosotros al llevarnos un susto ––o al experimentar cualquier otra forma de reclamo atencional repentina y poderosa––, “visualicemos” algo que pudiera definirse como una especie de haz luminoso que saldrá desde la zona de nuestro cuerpo físico donde se encuentra ubicado el plexo solar, en dirección al elemento o persona que esté capturando nuestra atención. Y, de llegar a darse el caso de que “visualicemos” alguno de estos flujos con mucha nitidez, podríamos llegar a “verlos” como una suerte de rayos o chorros luminosos conformados por filamentos entrelazados.

       En muchas ocasiones en las que percibamos estas “visualizaciones”, también podremos “ver” cómo los flujos de energía se desprenderán de una imagen corpórea muy parecida a aquella que “visualizamos” de nosotros mismos cuando soñamos: la de nuestro cuerpo energético. Aunque a este último respecto, cabe reseñar que, si no hacemos por recordar qué “vimos” exactamente, daremos por sentado que fue desde nuestro cuerpo físico ––en lugar de desde el energético––, de donde “vimos” salir el flujo correspondiente.

       Debe de tenerse en cuenta que describir en palabras “visualizaciones” concernientes a percepciones puramente energéticas, nos resultará bastante complicado hasta que acumulemos la suficiente experiencia. Porque estas “visualizaciones” provienen de un plano, el energético, de características y dimensiones que no estamos acostumbrados a razonar ni verbalizar[5].

Dado el carácter esencialmente luminoso de la energía vital, si nos detenemos a observar cuán resplandeciente percibimos la mirada y/o la presencia de aquellas personas a las que conferimos atención, nos haremos una idea aproximada de qué cantidad de energía les estaremos transfiriendo. Éste es un ejercicio que, indirectamente, también nos permitirá advertir que, cuanto más intensos sean los sentimientos o emociones que cada persona nos inspire, mayor será la cantidad de energía vital que le transferiremos. Motivo por el que siempre percibimos de un modo especialmente imponente o resplandeciente, a aquellas personas hacia las que sentimos una mayor atracción.


Cuando otras personas nos transfieren su energía vital

Cuando otras personas, al conferirnos muy intensa o prolongadamente su atención, nos transfieran cantidades de energía vital lo suficientemente significativas, observaremos que todo comenzará a vibrar poderosamente en nuestro interior….

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[1] Contrariamente a lo que sucede cuandoel_puente_de_la_aten_cover_for_kindle dos o más personas interactúan; ya que, por muy descompensado que sea el grado de atención que las unas confieran a las otras, siempre se produce una correspondencia atencional.

[2] Puesto que, parte de nuestro cuerpo energético, también ocupa el espacio de nuestro cuerpo físico.

[3] Si, en el momento oportuno, disociamos parte de nuestra atención para dirigirla al plano de las sensaciones ––ejercicio que será descrito en el próximo capítulo––.

[4] Es importante que nadie confunda el resplandor que podemos ver con nuestros ojos alrededor de las personas y demás elementos que del plano físico de los objetos, con las percepciones que acaban de ser referidas. Pues no son la misma cosa.

[5] Comprobaremos todo esto por nosotros mismos, en cuanto tengamos ocasión de “visualizar” nítidamente las percepciones referidas. Nuestro “aquí y ahora”, no es únicamente el que estamos acostumbrados a percibir conscientemente. Como poco, coexistimos a un mismo tiempo en dos “aquí y ahoras” diferentes: en el que concierne al plano de la materia; y en el que concierne al plano energético.

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5 Comentarios

  1. Hola Fernando.
    Te felicito por el aspecto y contenido de tu web.
    La verdad es que es muy interesante encontrar contenidos como los tuyos en la Red.
    Te deseo la mejor de las trayectorias y se que tus palabras “alumbrarán” el pensamiento y la percepción que cada uno tiene de si mismo y de la vida.
    Un abrazo!!

  2. Con gusto y alegria he leído este blog, aprendí mucho en los pocos momentos de charla, al leerte recuerdo exactamente lo que con tus acciones muestras, saludos desde pereira, Colombia. Christian (chalet suizo – taganga 2006).

  3. Muy acertada tu iniciativa, Fernando, de publicar tus artículos vía internet. Seguro que generan mucha expectación, y a la vez, se sentirán identificados con muchas de ‘nuestras’ actuaciones/situaciones, que, en ocasiones, no somos capaces de reconocer a simple vista.

    ¡Toda la suerte de mundo!