El principal desencadenante de rupturas en las relaciones

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El principal desencadenante de rupturas en las relaciones.
El gran mapa (de consciencia) del amor (y las relaciones).

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Como principal desencadenante de rupturas en las relaciones de pareja, tenemos a los sentimientos de asfixia y falta de libertad que, así sea de un modo más o menos consciente, uno de los cónyuges desarrolla respecto al otro.

Es el cónyuge que siente al otro depender de él en un mayor grado, el que desarrolla el sentimiento de estar siendo privado de su libertad. Progresivamente va sintiéndose privado de su autonomía e independencia porque entiende que su pareja sentimental espera demasiado de él.

Este es un proceso que tiende a producirse de un modo mucho más ostensible, mediante la perfecta complementación natural de una persona dependiente y otra distante. Pues mientras que la una hace sentir asfixiada a la otra al colgarse y cargar sobre ella la responsabilidad  de su bienestar, esta última, desde su distanciamiento atencio-afectivo, instiga a la primera a incrementar su grado de dependencia debido a que la mantiene siempre pendiente o a la espera de un grado de correspondencia que nunca llega. De esta manera, la dependencia del uno alimenta el distanciamiento del otro y el distanciamiento del otro la dependencia del uno. La bola se hace cada vez más y más grande hasta que el sentimiento de asfixia del distante se le hace insoportable y decide romper su relación con el dependiente.

Si bien para que este proceso tenga lugar, no resulta estrictamente necesario que se complementen dos individuos particularmente dependientes y distantes. Basta con que uno de ellos sea particularmente dependiente para hacer sentir al otro asfixiado y necesitado de distanciamiento.  Y lo mismo sucede al revés. Es suficiente con que uno de ellos sea particularmente distante para conseguir que el otro desarrolle dependencia hacia él y lo haga sentir asfixiado.

Como a cada cerdo le llega su San Martin, también se dan muchos casos en los que un individuo dependiente se topa con otro todavía más dependiente que él, que lo instiga a experimentar los que, esencialmente, serán los mismos sentimientos de atadura, asfixia, presión y falta de libertad que anteriormente él mismo instigó a experimentar a aquellos cónyuges de los que dependía.  Y, ni que decir tiene, que también se dan muchos casos en los que un individuo distante se topa con otro más distante que él, que le obliga a sufrir en carne propia los mismos sentimientos de distanciamiento y falta de correspondencia atencio-afectiva que a lo largo de sus anteriores relaciones él mismo obligó a sufrir a los cónyuges de los que se distanciaba.

Este último es un proceso de jerarquización natural que, en muchos casos, resulta completamente necesario para que las relaciones cuajen. Ya se sabe que, al igual que los polos opuestos se atraen, los iguales se repelen. Muy difícilmente llegaremos a ver una relación conformada por dos individuos dependientes o distantes en la que uno de ellos no termine bajándose de su burro particular y pase a comportarse como distante o dependiente, respectivamente.

El noventa y largo por cien de las relaciones de pareja, terminan rompiéndose a partir de estos sentimientos de asfixia o falta de libertad que la persona distante ––o que termina comportándose de tal modo–– desarrolla hacía la persona dependiente ––o que así termina comportándose––.

Aunque, por supuesto, muchos dirán que no; dirán que el principal desencadenante de rupturas en las relaciones de pareja es la aparición de terceras personas. Algo que sería completamente cierto, de no ser porque estas personas casi siempre entran en escena como consecuencia de todo lo referido anteriormente. No en vano observaremos que, cuando aparecen dichas terceras personas, éstas acostumbran a cruzarse en el camino de los cónyuges distantes, que, a esas alturas de la relación, ya se hallan en mayor o menor grado cansados del cónyuge dependiente.

Muy raro será que un individuo deje al cónyuge del que depende por una tercera persona. Las obsesiones generadas por su dependencia le impedirán enfocar debidamente su atención y energía afectivo-sexual hacia ninguna otra persona. De llegar a darse este tipo de situaciones, finalmente se comprobará que en la mayoría de las ocasiones solo fueron una farsa representada por los dependientes más desesperados para intentar atraer hacia sí la atención de sus cónyuges distantes[1].

Así que, en definitiva, estas terceras personas sirven a los distantes como rampa de despegue para huir de sus parejas dependientes ––o reconvertidas en dependientes–– y de los sentimientos de atadura y presión que éstas les inspiran. Razón última por la que, fácilmente, puede llegar a creerse que son las entradas en escena de terceras personas ––y no los ya requeté referidos sentimientos de falta de libertad provocados por el eje dependencia-distanciamiento–– las que mandan al traste a la mayoría de relaciones de pareja. Más aun si, tal y como veremos a continuación, los niveles de dependencia y distanciamiento de un cónyuge hacia el otro apenas son visibles.

En muchos casos, los niveles de dependencia o distanciamiento de uno o ambos cónyuges bien pueden ser muy bajos o, aun no siéndolo tanto, permanecer encubiertos con mucha efectividad. De ser así, apenas se distinguirá cómo será la dependencia del uno la que alimentará la necesidad de distanciamiento del otro y/o viceversa, y ninguno de los “amantes“ comprenderá qué estará socavando realmente su relación. Y, desde esta falta de comprensión, proyectarán sus problemas de pareja en lugares equivocados como, mucha más habitualmente lo son, las terceras personas. Si bien el problema rara vez reside en la existencia o aparición de estas personas, sino en el por qué uno ha dejado de hallarse plenamente satisfecho con su pareja.

A este respecto debe tenerse en cuenta, que una persona dependiente se convierte en una apuesta demasiado segura para aquella otra de la que depende. Por lo que esta última dejará de verse en la necesidad de tener que ganarse su atención y seducirla, y tenderá a perder el interés y distanciarse de ella. Pues no resulta fácil valorar lo que ya se tiene o consigue sin exigirnos apenas esfuerzo.

Si haga lo que haga igualmente tengo tu “amor”…

¡Qué poco nos gustan aquellas cosas que no nos suponen un reto!

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