Ejemplos de interacciones atencionales propicias para el reconocimiento de las sensaciones y consecuencias ocasionadas por los flujos de energía vital.

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A lo largo de este capítulo escenificaremos interacciones atencionales que tendremos ocasión de vivir, y que dadas las circunstancias de descompensación atencional en las que se producirán, nos facilitarán el reconocimiento de las sensaciones y consecuencias ocasionadas por los flujos de energía vital.

Conversando con individuos pronunciadamente narcisistas

La mitología griega relata que Narciso era un muchacho que se agachó para beber en una fuente, y al ver el reflejo de su imagen en el agua, se enamoró de ella sin saber que era la suya. La fascinación que sintió al contemplar su propia imagen no reconocida fue tal, que murió ahogado en aquellas aguas tratando de alcanzarla.

       Se habla, pues, de personas narcisistas ––o que actúan de tal forma––, cuando apenas son capaces de ver más allá de sus propios procesos mentales. Personas de las que, mucho más coloquialmente, se dice que no escuchan o que son incapaces de ver más allá de su propio ombligo.

       El grado de apertura que estos sujetos imprimen a su atención a la hora de escuchar a otras personas es muy reducido y, consecuentemente, apenas les transferirán energía vital suficiente para alentarlas a seguir hablando.

       Por otra parte, cuando son ellos los que hablan, a sus interlocutores les costará un mundo tomar la palabra y, por ende, volcar el efecto reloj de arena a favor suyo.

       También se dan casos de personas acentuadamente narcisistas, que hacen oídos sordos a todo lo que no les interesa; como si lo que para ellas no tuviera importancia, tampoco la tuviera para otros. Se limitan a hablar de lo que les viene en gana, sin ni tan siquiera molestarse en comprobar si lo que están diciendo o el tema que insisten en proponer interesa a sus interlocutores.

Cuando nos cruzamos con uno de estos individuos pueden suceder dos cosas: que al advertir la que se nos avecina les hagamos algún tipo de quiebro más o menos descarado; o, que, pese a lo poco que nos motive hablar con ellos, no nos sintamos con ánimos de interrumpirlos o de dejarlos con la palabra en la boca, y les concedamos nuestra reticente atención. La inercia prácticamente unidireccional que, durante estos encuentros, tomará el efecto reloj de arena, nos ocasionará una ostensible pérdida de energía vital que, de verse prolongada durante el tiempo suficiente, también nos provocará, además del decaimiento que inicialmente tenderemos a experimentar, un mayor o menor grado de sopor o somnolencia.

       Si bien de ahora en adelante, vivir este tipo de situaciones, otrora únicamente fastidiosas, nos brindará la oportunidad de reconocer las sensaciones ocasionadas por nuestras pérdidas de energía vital.

        Aunque, mucho ojo, no vaya a resultar que seamos nosotros quienes vayamos por el mundo presionando la atención y absorbiendo la energía vital de nuestros semejantes de la manera referida ––ya se sabe que, más fácil es ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio––. De ser así, tendremos que ponernos manos a la obra para conseguir que nuestras obsesiones no nos roben la atención y energía que, luego, como forma de compensación subconscientemente, robaremos a otras personas.

Otros casos similares son aquellos en los que se ven involucrados niños pequeños, alcohólicos en estado de embriaguez, ancianos seniles, o personas que sufren algún grado de psicosis o disfunción mental. Por norma general, sus respectivas formas de narcisismo tampoco les permiten ofrecer el suficiente grado de apertura atencional a sus interlocutores. Hasta que uno aprende a manejarse con ellos, o incluso aun así, sufrirá ostensibles pérdidas en sus niveles de energía vital.

Escuchando las lecciones de los profesores más rolleros del colegio

Nos habrá sucedido que, al acudir a la escuela, nos vimos obligados a escuchar los insufribles rollos del profesor peñazo de turno; éste que, siendo incapaz de encontrar un medio para conseguir inspirarnos cierto grado de interés por sus palabras, se dedicaba ––sin ser consciente de lo que hacía–– a chuparnos la energía sin más. Porque no debemos olvidarnos que, mientras que quién presta su atención se desinfla, el que la recibe se infla de energía vital.

       Las lecciones impartidas por este tipo de profesores, inducía a todos los alumnos de la clase a entrar en un estado de sopor colectivo.

       Quiero aclarar que los profesores que sí conseguían inspirarnos interés, también arrastraban consigo nuestra energía vital. Sólo que, al brindársela con un mayor desenfado, dado que, a cambio de nuestra atención, conseguían estimularnos de una forma u otra, la sensación de vaciado ocasionada por nuestra pérdida de energía vital, no quedó impresa en nuestra memoria corporal tan nítidamente como la sufrida en los casos anteriores.

 

 Viendo la televisión o leyendo un libro

Cómo no, también tenemos al más fiel amante de quienes no tienen nada mejor que hacer que derrochar su tiempo y energía: el televisor.

       El televisor, como objeto inanimado, carece de atención que proyectar. De manera que, cuando los televidentes proyectan la suya en el programa emitido, ésta nunca se ve correspondida.

       Con el televisor de por medio, el efecto reloj de arena es siempre unidireccional, y no resulta difícil observar el desgaste de energía vital que nos ocasiona.

       Conozco a algunas personas a las que les cuesta muchísimo conciliar el sueño si no tienen frente a sí a uno de estos aparatos sorbiéndoles sus últimos resquicios de energía vital.

       Y es que a todo nos hacemos adictos.

       ¡Incluso a que nos chupen la energía!

Cuando leemos un libro, sucede exactamente lo mismo; ya que los libros tampoco nos brindan el más mínimo grado de atención.

Interacciones atencionales propiciadas desde la atracción sexual

Otra de las situaciones en las que el flujo de salida de energía se hace más evidente, es cuando nos cruzamos con una persona que nos inspira una gran atracción sexual.

       ¡Eh! ¡Que se te van los ojos! Puede que nos diga nuestro acompañante. Pero lo cierto es que, si volcamos la atención hacia nuestro interior en el momento oportuno, quizá descubramos que se nos está yendo algo más.

       Sucede lo mismo, pero en el sentido diametralmente opuesto, cuando a uno le lanzan una de esas sonrisas ––o miradas–– que le hacen sentir inflamado de autoestima.

       Este tipo de experiencias nos brinda la oportunidad de reconocer que esta forma de atención que nos confieren actúa sobre nosotros cual chute de energía. A fin de cuentas, eso es lo que es. Y si el subidón es bueno de veras, puede que inmediatamente después de encajarlo tengamos la sensación de caminar a un palmo del suelo. Todo esto, claro está, acompañando dicha sensación, con una reluciente sonrisa atravesándonos la cara de oreja a oreja.

Cuando una persona inspira a otra sentimientos o emociones muy intensos

Siempre que una persona captura la atención de otra de tal forma que le inspira sentimientos o emociones muy intensos, consigue que esta última le confiera un elevado grado de apertura atencional y le transfiera unos flujos de energía vital mucho más cuantiosos y ostensibles de lo acostumbrado. Como sucede cuando una persona se siente particularmente asombrada, compadecida, intimidada, intrigada o ––entre un largo etcétera de posibilidades–– admirada por la forma de conducta, las palabras, o incluso la sola presencia de otra. En circunstancias como éstas, tanto los emisores como los receptores de los flujos de energía, tendrán más facilidad para advertir las sensaciones de ganancia o pérdida energética ocasionados por los mismos.

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8 Comentarios

    • Perdona Yadira, no sé muy bien a que te refieres. Los escritos están todos en este blog. En el futuro espero publicar un libro con todos ellos mejorados y, posiblemente, ampliados.
      Y si tienes facebook y quieres recibir avisos cada vez que publique algo nuevo, puedes darle al “me gusta” y luego al recibir todas las notificaciones en la página facebook de “el puente de la atención de Fernando Vizcaíno Carles”

    • Discúlpame, Evaristo, pero no comprendí muy bien que quisiste decir… se ve que hay algún error en tu texto. Si bien esto no es un artículo sino un capítulo del libro “el puente de la atención”… encontrarás todos sus capítulos de último a primero arriba en la pestaña “el puente de la atención”. Si te ha interesado este capítulo, presupongo que el resto también te interesarán. Quizás este sea el más parecido: “sensaciones y consecuencias vinculadas a los flujos de energía vital”. Es el capítulo 5.

  1. Excelente articulo fernando… me ha ayudado a entender muchos fenomenos que habia notado… sin embargo surge una duda.. en el caso de que le preste atencion a una obra de arte o a la naturaleza. En estos casos entre mas prrsto mi atencion mas inflamado siento mi cuerpo energetico. Cual crees que sea la explicacion a esto??

    • Respecto a prestarle atención a la naturaleza, debes saber que ésta siente tu atención y te la devuelve. Como mejor puedes experimentar esta circunstancia, o al menos así me sucede a mí, es con los árboles. Yo vivo en la montaña y, en primavera-verano, me saco el colchón fuera y duermo debajo de un pino. Estamos conectadísimos, me lo quedo mirando, porque realmente me resulta un especimen muy hermoso, y, si me encuentro sereno, con el diálogo interior detenido, en seguida siento el reflujo atencio-energético que éste me devuelve. Te recomiendo no que fuerces situaciones de ponerte a mirar árboles, sino que esperes a encontrarte con alguno que naturalmente te llame la atención, sobre todo si es porque te resulta hermoso… También puedes forzar situaciones, claro está, pero entonces difícilmente será un flujo de energía tan puro el que le enviarás al árbol que estés observando, y su respuesta tenderá a ser más debil; pero igualmente tendrá lugar y podrás advertirla si mantienes a tus procesos mentales bajo control.

      Respecto a las obras de arte la cosa cambia. Una obra de arte no te va a devolver atención, y por consiguiente, no te va a devolver energía vital. Otra cosa es que sus formas te inspiren el desarrollo de sensaciones y sentimientos, que son otras formas de energía que, al activarse mediante su contemplación, te harán sentir repentinamente lleno de vida. En este mismo capítulo, con el ejemplo de la televisión, he venido a explicar lo mismo que puede sucederte al observar una obra de arte o leer un libro… e incluso al observar cualquier tipo de objeto teóricamente inanimado.

      PD: por cierto, Alberto,esto no es un artículo sino uno de entre los muchos capítulos de el libro queestoy escribiendo. Encontrarás el restoi en este mismo blog, en la pestaña de “el puente de la atención”, que es el título del libro. Seguramente encontrarás interesantes muchos otros capítulos.

  2. Fernando:

    Me parece un gran escrito. Sin duda los seres humanos en interracción y en solitud estamos rodeados de flujos constantes de energía. La meditación es un ejercicio para poder tomar conciencia de ella y poder incrementarla u ofrecerla a los demás.

    Me parecen muy buenas tus observaciones sobre el intercambio de energía y me resulta útil tener esta información. Comprendo un poco más sobre la transferencia y el grado de atención que realizo sobre las personas y viceversa y es acertada tu visión.

    Quiero suponer que la visión sobre el objetivo de tu libro será de sobra enriquecedora para el que llegue a leerlo y te agradezco que compartas estas observaciones y estudios con las personas que estamos interesadas en la energía y relacionadas con la espiritualidad.

    Te auguro un gran éxito y espero que llegue a mucha gente que aprecie, tenga y aún viva con curiosidad y asombro este tipo de temas.

    Saludos.