La responsabilidad de hacerse cargo de uno mismo

0
2007
responsabilidad

LA RESPONSABILIDAD DE HACERSE CARGO DE UNO MISMO.
EL MAPA (de consciencia) DEL AMOR (y las relaciones). 

.
¿Podemos culpar a nuestros padres por habernos ofrecido ejemplos de conducta y modelos “amorosos” enfermizos? ¿De qué nos serviría eso? ¿Acaso no estaríamos entonces sino que condenándonos a nosotros mismos a ser como somos porque nuestros padres eran ––o son–– y se “amaban” ––o “aman”–– de ésta o aquella manera? ¿Qué chorrada no?

Cargar la responsabilidad de nuestros problemas y limitaciones sobre las personas que nos rodean, nos sirve para sentirnos libres de toda culpa o responsabilidad de que las cosas no nos salgan bien. Desde luego que este proceso de echar balones fuera tiene su efecto balsámico: los que tienen la culpa o la responsabilidad de que todo se tuerza son siempre los demás; nosotros carecemos de responsabilidad alguna a ese respecto; y así conseguimos permanecer con la consciencia tranquila. Sin embargo, a un mismo tiempo, este proceso de autoengaño nos aboca a auto compadecernos eternamente por lo mal que nos trata el mundo, y a castrar nuestras posibilidades de hacer algo para cambiar, mejorar y  ampliar nuestras posibilidades. A fin de cuentas, si la causa de nuestros problemas es lo que hacen o hicieron otras personas… Si no somos más que el producto irreversible de las acciones de quienes nos rodean… Si no somos más que marionetas en manos del destino…

No sé a vosotros, pero a mí éste me parece un precio extremadamente elevado a cambio de tan solo poder decir que mis problemas, defectos o carencias, no entran en la jurisdicción de mi responsabilidad.

¡No! Los responsables de ser como somos y de que no sepamos amarnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean, no son nuestros padres y educadores. Ellos solo nos ofrecieron lo que tenían: sus propios modelos de conducta.

Y aunque inicialmente no nos quedó más remedio que el de aceptar que esa era la única forma de ser o amar… ¿acaso posteriormente, conforme fuimos madurando y desarrollando nuestra consciencia de ser, no fuimos capaces de razonar ni de decidir qué era lo que estaba bien o lo que estaba mal?

Por supuesto que sí: eh ahí la existencia de nuestro libre albedrío.

Si nuestro padre nos enseña que “amar” consiste en partirle la cara al ser “amado”, siempre llega el momento en que podemos darnos cuenta de que eso no es lo correcto y dista enormemente de lo que es realmente el amor. Si nuestra madre nos ha enseñado que la manera de “amarse” a uno mismo es la de sentirse más y mejor que los demás, da por seguro que algún día tendrás la opción de decirte a ti mismo: “no, eso no es amor, sino arrogancia; esa solo es la forma en la que intento enmascarar el rechazo y desamor que he desarrollado hacia mí mismo, y del que me avergüenzo hasta el extremo de que para no verlo necesito construirme una vacua e insultante fachada de superioridad personal”. Si nuestro abuelo nos enseñó que “amar” a otra persona consistía en inspirarle compasión para instigarla a que se hiciera cargo de la resolución de todos sus problemas, más tarde o más temprano descubrirás que el amor nada tiene que ver con semejante forma de dependencia.

Luego fijaremos estos descubrimientos en nuestra consciencia y nos esforzaremos por romper los modelos aprendidos con la intención de mejorar… o nos los taparemos para volver a caer en el autoengaño y regresar a ese cómodo pero ilusorio y estéril mundo en el que nosotros siempre estamos en lo cierto y los demás son los verdaderos responsables de nuestros problemas.

Unos caminos son más claros que otros, de eso no hay ninguna duda. Pero si permanecemos atentos y somos lo suficientemente honestos con nosotros mismos, siempre podremos hacer a un lado a nuestro ego para escuchar a nuestro corazón, señalándonos cuál es el camino a seguir; el camino hacia el amor verdadero.

Aun después de todo lo dicho, muchos podrían continuar sintiéndose justificados para decir: “que irresponsables fueron mis padres a la hora de plantearse traerme al mundo. Sí, he conseguido quitarme de encima toda la mierda que me enseñaron[1]; pero si no me la hubiesen enseñado, me habría ahorrado un montón de problemas”.  Por lo que igualmente nos sentiríamos justificados para estar molestos con ellos por no haber tenido la consideración de traernos al mundo preparados para ofrecernos unos modelos de conducta y “amorosos” más saludables.

Si bien cualquiera que haya ahondado lo suficiente en su interior, habrá descubierto que las apariencias engañan; ya que el mundo actúa siempre como un espejo que nos pone delante aquello que necesitamos ver o experimentar para descubrirnos a nosotros mismo y ampliar nuestra consciencia ––aprender a amar––. Uno es siempre, cuanto menos desde su mundo inconsciente y espiritual, el primer responsable de todo aquello que le sucede; incluyendo, por supuesto, lo que le sucede a partir del trato y ejemplo que sus padres le ofrecen.

Como todo lo que nos sucede en la vida, nuestros padres no son fruto de la casualidad, ni tan siquiera de la causalidad, sino de la interrelación del todo con el todo y, consecuentemente, de nuestro ser con todo aquello que le rodea.

Mediante un proceso de introspección superficial, puede que lleguemos a interpretar que si somos, por ejemplo, unos individuos particularmente arrogantes y fríos e insensibles con nuestras parejas, es porque nuestro “modelo seductor paterno” también era un individuo arrogante que se comportaba fría e insensiblemente respecto a su pareja ––nuestro “modelo objeto de deseo” paterno––. Pero un proceso de introspección más profundo nos revelará que el progenitor que tomamos como “modelo seductor”, no nos enseñó nada que no llevásemos ya perfectamente alojado en nuestro interior.

[1] Aunque lo más probable sea que no.

¿Te ha parecido interesante? ¿Quieres leer más al respecto?

ADQUIERE LA OBRA COMPLETA EN AMAZON POR 2,99 

Otras obras del autor (enfocadas hacia el auto conocimiento y desarrollo personal):

El puente de la atención de Fernando Vizcaíno Carles (ebook o papel).

Llamémosles… ellos (ebook).

Drácula: Adaptación teatral (ebook y papel)

.

Si tienes interés, también puedes seguir mis publicaciones en facebook pulsando el botón “me gusta” en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/pages/El-puente-de-la-atenci%C3%B3n-de-Fernando-Vizca%C3%ADno-Carles/145235738999366