La intuición vs el dedo que señala a la luna; desarrollar intuición.

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el dedo que señala a la luna

La intuición vs el dedo que señala a la luna.
El puente de la atención. Capítulo 5.

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Atendiendo a todo lo que a lo largo de los capítulos anteriores ha sido referido al respecto de la intuición, y de cómo ésta, en la forma de sensaciones, nos permite percibir el contenido de los flujos atencioenergéticos, cabría formularse las siguientes preguntas:

       ¿Por qué, en tantas ocasiones, confundimos o ni tan siquiera advertimos cuales son las energías sutiles que se desprenden de los sentimientos, emociones o impulsos volitivos de aquellas personas con las que interactuamos?

       ¿Y, por qué nunca o prácticamente nunca, advertimos los flujos de energía vital que transferimos de unos a otros mediante la sola conferencia de nuestra atención?

La “razón” por la que el reconocimiento de muchas de nuestras percepciones intuitivas ––así como la información o forma de conocimiento que éstas nos traen consigo–– nos resulta esquivo, radica en el más reiterativo de los procesos de necedad humana: el que implica la supeditación de nuestras percepciones intuitivas a nuestras interpretaciones racionales.

        Este último, es un proceso de disociación entre lo perceptual y lo cognitivo que, el célebre filósofo chino Confucio, trató de hacer comprender a sus discípulos valiéndose del uso de la siguiente metáfora: “cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo que la señala”.

       Al aplicar esta metáfora en el ámbito de los procesos perceptual y cognitivos del ser humano, nos encontramos con que el sabio que todos nosotros albergamos en nuestro interior, es nuestro sentido de la intuición; que el dedo que señala a todo aquello que percibimos intuitivamente, es nuestra capacidad de raciocinio; y que el necio que en lugar de mirar a la luna ––nuestras percepciones intuitivas––, mira hacia el dedo que la señala ––nuestras interpretaciones racionales––, es nuestro ego.

       Y que el hecho conjunto de “quedarnos mirando al dedo que señala a la luna en lugar de a la propia luna”, sea, efectivamente, una necedad, se debe a que, así como nuestras percepciones intuitivas nos muestran el mundo tal y como realmente es[1], nuestras interpretaciones racionales no siempre lo hacen así. En muchas ocasiones nos lo muestran, básicamente, de tres maneras diferentes: como nos interesaría que fuera; como tememos que sea; o como damos por sentado que debiera ser.

Los flujos de energías sutiles, y el caso del necio que, hallándose bajo el influjo de las interpretaciones racionales asociadas a sus intereses personales, se queda mirando al dedo que señala a la luna en lugar de a la propia luna

Seguramente, todos nos habremos sentido en alguna ocasión rechazados sentimental y/o sexualmente por personas que fueron objeto de nuestro deseo. Y, con la misma seguridad, me aventuro a afirmar que en muchas de estas ocasiones en las que nos dieron calabazas, nos recriminamos lo estúpidos que fuimos al exponer de esta forma nuestros sentimientos o deseos, cuando “en el fondo ya sabíamos” que no iban a ser correspondidos.

       Otros casos esencialmente similares, son aquellos en los que metemos la pata por no saber esperar el momento más apropiado para comentar, preguntar, o proponer algo a aquella persona que, efectivamente, cuando lo hicimos, nos mandó a freír espárragos. Pese a experimentar de antemano la sensación interna que nos señaló “mejor déjalo estar para otro momento”, optamos por hacer más caso a esa vocecita en nuestra cabeza que nos dijo: “¿y por qué dejarlo para otro momento, sí yo prefiero que sea ahora?”

Si en cualquiera de estas dos situaciones “ya supimos de antemano” qué sucedería, es porque así hubo de indicárnoslo nuestra intuición en una primera instancia, por mediación de las sensaciones que nos ocasionaron los flujos de energías sutiles que nos transfirieron las personas con las que interactuábamos[2].

       Y, si era “en el fondo” donde ya albergábamos los conocimientos referidos, es porque superpusimos nuestras interpretaciones racionales a nuestras percepciones intuitivas, quedando estas últimas soterradas bajo las primeras.

Éste es un proceso de autoengaño o manipulación perceptual de índole interpretativa, por el que nos sentimos impelidos a dejarnos arrastrar cuando aquello que percibimos no se halla en consonancia con lo que a nuestro “ego” le interesaría percibir. En lugar de dar el brazo a torcer y aceptar las cosas tal y como son, optamos por superponer a nuestra “sabía” percepción intuitiva, “el dedo” o manojo de interpretaciones racionales que, egoístamente, nos señala que las cosas son como a nosotros nos interesa que sean. Que es lo mismo que hacemoscuando nos dejamos engañar por personas que nos plantean ideas ––u ofrecen “gangas”–– que en el fondo sabemos no pueden ser lo que parecen.

Cerraremos este punto afirmando que esta forma de autoengaño interesado, es una de las principales causas por las que nos disuadimos del reconocimiento de la sabiduría innata o conocimiento silencioso ––por no verbalizado–– que, en la forma de sensaciones internas, nos brinda nuestro sentido de la intuición. Un reconocimiento que, visto lo visto, nos ahorraría un sinnúmero de meteduras de pata; puesto que nos evitaría caer en la necedad de pedirle a la vida aquello que sabemos no poder obtener de ella.

 

Los flujos de energías sutiles, y el caso del necio que, hallándose bajo el influjo de interpretaciones racionales asociadas a sus traumas, se queda mirando al dedo que señala a la luna en lugar de a la propia luna

Los seres humanos no solo nos quedamos mirando a nuestras interpretaciones racionales en lugar de a nuestras percepciones intuitivas para evitarnos el reconocimiento de aquellas partes de la realidad que no se ajustan a nuestros intereses egoístas. También se dan muchos casos en los que hacemos lo contrario. Malinterpretamos situaciones que intuitivamente percibimos como satisfactorias, y nos creamos focos de temor o preocupación totalmente innecesarios.

        Esto es algo que reconoceremos haber experimentado en aquellas ocasiones en las que, tras hacernos daño al caer de la bicicleta trazando una curva, comprobamos que, inmediatamente después, no pudimos trazar nuevas curvas sin poder evitar tomar precauciones “a saber nuestro” fuera de lugar.

       Asimismo, una persona que fue víctima de una infidelidad conyugal, bien pudiera luego interpretar ––pese a, “en el fondo”, saber que no es así––, que está volviendo a ser engañada por amantes que nunca le fueron infieles ni le dieron motivos de desconfianza. Por esta causa, la mayoría de nosotros, hemos sufrido por parte de alguna de nuestras parejas ––o hecho sufrir a alguna de ellas––, de tan fantasiosas formas de desconfianza y ataques de celos correspondientes[3].

Lo que sucede en estos casos es muy sencillo de entender. Cuando sufrimos situaciones en mayor o menor grado traumáticas, realizamos interpretaciones racionales que quedan muy arraigadas en nuestro interior. De tal manera que, en cuanto nos vemos involucrados en otras situaciones que asociamos a estas primeras, tales interpretaciones afloran nuevamente hasta la superficie de nuestra consciencia y nos instigan a interpretar estar a punto de volver a sufrir la misma situación traumática.

       Por otra parte, debemos tener en cuenta que, cuanto mayor sea nuestro grado de inconsciencia al respecto de qué circunstancias nos abocaron a sufrir nuestras experiencias dolorosas o traumáticas, mayor será también la facilidad con la que proyectaremos fuera de nosotros mismos a cualesquiera de estos fantasmas que solo anidan en nuestro interior, y que nos inducen a confundir lo inofensivo con lo terrorífico.

       Los temores de carácter más fantasioso que existen, son aquellos que provienen de la proyección de interpretaciones racionales realizadas en circunstancias que no se recuerdan; algo que, por norma general, suele implicar que éstas tuvieron lugar durante los primeros años de nuestras vidas.

      De este modo es como un hombre que, a la edad de tres años sufrió quemaduras por exposición al fuego, podría sufrir durante el resto de su vida temores de carácter obsesivo, que lo instigasen a interpretar correr peligro de volver a quemarse, solo por hallarse próximo a cualquier tipo de fuego perfectamente controlado.

       O como una mujer que sufrió abusos sexuales siendo una niña mientras escuchaba la quinta sinfonía de Beethoven, podría desarrollar la idea obsesiva de que algo muy malo estaría por sucederle solo con volver a escucharla.

Los flujos de energía vital, y el caso del necio que, hallándose bajo el influjo de la interpretación social de la realidad, se queda mirando al dedo que señala a la luna, dando por sentado que no hay ninguna otra cosa a la que quedarse mirando 

Tal y como hemos ido viendo a lo largo de los dos puntos anteriores, no son pocas las ocasiones en las que sí reconocemos muchas de las percepciones intuitivas ––o sensaciones internas–– que nos informan al respecto de los sentimientos, emociones, o impulsos volitivos no manifiestos por aquellas personas con las que interactuamos. Si bien esto es algo que nunca nos sucede, cuando de lo que se trata es de reconocer las percepciones intuitivas vinculadas a flujos de energía vital que transferimos de unos a otros al conferirnos atención.

       ¿Acaso es que las sensaciones que nos ocasionan los flujos de energía vital, son menos ostensibles que las que nos ocasionan los de las energías sutiles?

       La respuesta a esta pregunta es un “no” rotundo. Más bien sucede todo lo contrario.

        Las sensaciones que nos ocasionan los flujos de energía vital, poseen un carácter más ostensible que las que nos ocasionan los de energías sutiles. Pues así como estas últimas tan solo se nos manifiestan en el plano de nuestro cuerpo energético ––alumbrándonos al respecto del contenido sentimental, emocional o volitivo de nuestros interlocutores––, las primeras también lo hacen en el de nuestro cuerpo físico. Las sensaciones de pérdida o ganancia de energía vital que, en una primera instancia, experimentemos en nuestros cuerpos energéticos, en una segunda también nos abocan a experimentar las sensaciones físicas de fatiga o revitalización correspondientes.

¿Por qué entonces la mayoría de nosotros, jamás fue capaz de reconocer estar transfiriendo o encajando un flujo de energía vital?

Supongamos que, en una exposición de pintura, hay un cuadro abstracto con un cartel informativo que dice lo siguiente: “Si observas con detenimiento este dibujo, encontrarás en su interior las imágenes ocultas de una jirafa, un león, un elefante, y un rinoceronte”.

       No obstante, lo que no dice este cartel, es que en el cuadro también se oculta la imagen igualmente reconocible de un gorila.

       Los visitantes de la exposición que pasan junto a este cuadro y leen la invitación que reza el cartel, se quedan mirando la pintura hasta encontrar las imágenes de los animales mencionados. Si bien ninguno o casi ninguno de ellos encuentra la del gorila, pese a que, efectivamente, no ha sido dibujada de una forma menos reconocible que la de los otros animales; hecho que ha quedado más que demostrado, dado que quienes son informados verbalmente al respecto de su presencia, son capaces de encontrarla sin experimentar ninguna dificultad añadida.

¿Qué? ¿Comprendéis lo que quiere decirse?

       Seguramente, sí. Pero, por si acaso, lo explicaré de una forma mucho más directa.

       El factor que realmente nos aboca a pasar inadvertidas las percepciones intuitivas que nos ocasionan las transferencias de los flujos de energía vital, es el mismo que nos impediría encontrar la imagen oculta en el interior del cuadro: el que deviene del mero hecho de que nadie nos haya señalado o ayudado a razonar su existencia anteriormente.

Lo creamos o no, hemos sido castrados por el engreimiento racional de nuestra especie. Aceptamos hasta tal extremo que el mundo es tal y como nos hicieron razonar o interpretar, que ni tan siquiera nos planteamos la posibilidad de que pueda ser de otra manera, o de que en su seno pueda acoger elementos perceptibles para nuestro sentido de la intuición cuya existencia nunca antes tuvimos ocasión de razonar. Con lo que pretende darse a entender, que hemos sido adiestrados para forjarnos una interpretación del mundo de la que nos resulta casi imposible liberarnos, pese a perceptual y/o intuitivamente estar capacitados para reconocerla como falsa o incompleta.

De haberse dado el caso de que nuestros educadores nos hubiesen instigado a razonar el hecho de que, mediante la sola conferencia de nuestra atención, transferimos de unos a otros nuestra energía vital, a día de hoy todos percibiríamos las transferencias de sus correspondientes flujos con mucha más facilidad con la que percibimos las concernientes a los de las energías sutiles.

       La única razón por la que percibimos con una mayor facilidad las transferencias de energías sutiles que las de energía vital, es porque los sentimientos, emociones e impulsos volitivos de los que estas primeras se desprenden, sí forman parte de la interpretación racional de la realidad que nos fue inculcada desde los primeros años de nuestras vidas.

        De esta manera, cuando interactuamos con otras personas, mientras que sí nos mantenemos receptivos a la detección de las sensaciones o percepciones intuitivas originadas por tales sentimientos, emociones e impulsos volitivos, no hacemos absolutamente nada para hacer lo propio con las originadas por los flujos de energía vital; siendo esta última la razón primordial, por la que nunca o prácticamente nunca las reconocemos.

       Si bien ahora que ––¡por fin!–– hemos comenzado a razonar el hecho de que mediante la sola conferencia de nuestra atención, transferimos de unos a otros nuestra energía vital, ya nada nos podrá impedir constatarlo, siempre y cuando de ahora en adelante invirtamos cierto porcentaje de nuestra atención en la observación de las sensaciones que cobran vida en nuestro interior, dependiendo de si somos nosotros quienes conferimos nuestra atención a las personas que nos rodean, o de si son éstas las que nos confieren la suya[4].

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[1] Siempre que creamos que una intuición nos el_puente_de_la_aten_cover_for_kindleha fallado, es porque no era una intuición, sino algún tipo de interpretación que, desde nuestros deseos o temores, manipulamos hasta confundirla con una esperanzadora o inquietante intuición, respectivamente. 

[2] Lo que no significa, que, en aquellos casos en los que no reconociéramos saberlo de antemano, no hubiésemos captado intuitivamente la información pertinente; puesto que, indistintamente de que seamos o no capaces de reconocerlo conscientemente ––para, subsiguientemente, procesarlo racionalmente––, nuestra intuición siempre nos brinda la información esencial concerniente a la situación en la que nos hallemos involucrados, o al elemento o persona que estemos percibiendo.

[3] Ataques de celos que, contrariamente a lo que suele decirse de ellos, no tienen nada de irracionales; ya que siempre son la consecuencia de las interpretaciones racionales que, debido a las heridas sufridas en el pasado, quedaron poderosamente arraigadas en nuestro interior. Por lo que jamás debe de confundirse el tener la razón, con el estar actuando racionalmente.

[4] En cuanto seamos capaces de constatar este hecho, no podremos evitar preguntarnos, que cuántas otras son las percepciones al respecto de nosotros mismos y del mundo que nos rodea que, hallándose igualmente destiladas por el influjo de la interpretación racional de la realidad que nos fue inculcada, pasamos por completo inadvertidas. 

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4 Comentarios

  1. Increible texto… muy completo. Pero me atrevo a añadir unas cositas. En la ciencia de la diferenciación llamada Diseño Humano se contempla que pese a que todos lo individuos tenemos todos los ámbitos de vida, no todos los experimentamos ni tenemos acceso a ellos de la misma manera, por lo tanto, no todos tienen acceso a la intuicion de la misma manera. Digo esto para resaltar el aspecto del proceso bioquimico emocional en el que una persona se encuentra en medio de una ola alta y baja que debe experienciar antes de tener claridad emocional y poder decidir correctamente. Hay personas que deben atender antes a este aspecto que al intuitivo xk de lo contrario, su intuición se verá abrumada por su estado emocional, que no es ni mejor ni peor, simplemente necesita mas tiempo mientras el intuitivo vive más el presente.

  2. Hola David. Sí es cierto que dependiendo del que quiera que sea el desarrollo personal de cada individuo, o de las circunstancias en las uno vea involucrado en cada momento, encontrará una mayor facilidad o dificultad para atisbar sus percepciones intuitivas; pero esto no impide que dichas percepciones igualmente se estén produciendo y que, independientemente del que sea su desarrollo o circunstancias personales, igualmente tenga posibilidad de acceder a ellas. La intuición siempre está ahí para mostrarnos la verdad. Es la “voz” del corazón. Y nada puede silenciarla, cuanto menos totalmente.

  3. A PROPÓSITO DE INTUICIÓN… DIME DAVID QUE SE HACE…

    MANDÉ A COMPRAR UNAS COSAS HOY Y RESULTÓ QUE EL BILLETE DE 500 QUE LE DI AL MANDADERO ERA FALSO. HACIENDO MEMORIA DE QUIENES ME HABÍAN PAGADO ESA SEMANA… RECORDÉ 3 OCASIONES EN LAS QUE PUDE HABER RECIBIDO EL BILLETE. UNOS MOMENTOS ANTES, ME HABÍAN COMENTADO DE UN CHOFER QUE LABORA CON NOSOTROS QUE EN SU PASADO ESTUVO EN MUCHOS RUBROS OSCUROS Y QUE AHORA ESTABA TRATANDO DE REFORMARSE….
    INCOMODA POR EL SUCESO… DE LA NADA ME VINO A LA MENTE EL RECUERDO DE QUE YO LE HABIA DADO A EL 500 PESOS PARA COMPRAR UNAS LAMPARAS QUE NO CONSIGUIÓ Y EL DE MANERA UN POCO EXTRAÑA A SU FORMA HABITUAL… ME DEVOLVIÓ EL BILLETE DE 500…. SI UNO LAS COINCIDENCIAS DEL MOMENTO YO TENGO LA CERTEZA DE QUE FUE ÉL… PERO AHORA COMO HACES PARA CATUAR EN CONSECUENCIA? QUE ARGUMENTO? YA QUE MI DEDUCCIÓN NO ES LOGICA SINO INTUITIVA Y COMO LA DEMUSETRO? GRACIAS MIL!!!!

  4. Hola Bertha. Nadie puede decirte qué es lo que tendrías que hacer ahora con la persona que te dio el billete falso. Eso tendrás que calibrarlo tú misma. Si bien la experiencia, la sensación que en el momento en que te lo dio tuviste, te servirá para ir alineando tu conciencia a tu intuición, y estar más preparada para detectar lo que quiera que haya que detectar en ocasiones futuras… Así tengan que ver con sucesos esencialmente similares, o con otros de diferente índole.