Los hechiceros y los showmen, los pesados nuevamente, y los colapsos energéticos. El puente de la atención. Capítulo 15.

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Los hechiceros son, junto con los pesados, los vampiros puramente atencionales más obstinados que existen. Por lo que igualmente se las ingenian para pasarse la mayor parte del tiempo reclamando atención.

       Existen, sin embargo, grandes diferencias entre los hechiceros y los pesados.

       La primera y más determinante de estas diferencias, radica en el hecho de que pese a reclamar la atención de otras personas con la misma tenacidad que los pesados, los hechiceros no las inducen a sentirse agobiadas o violentadas por ello. Al contrario: las instigan a conferirles su atención de muy buena gana, e incluso a sentirse complacidas por ello.

       Los hechiceros podrían ser comparados con encantadores de serpientes. Eligen a personas con las que se sienten a gusto, normalmente no a más de una al mismo tiempo, y las seducen para que les entreguen su total atención.

       La “flauta” que los hechiceros hacen sonar para obtener tal entrega atencional, son ciertos temas de conversación cuya eficacia a la hora de despertar el interés general ya han comprobado, y que, por descontado, tienen muy bien estudiados y dominan a la perfección. De manera que, una vez consiguen dirigir las conversaciones hacia dichos temas, no suelen encontrar demasiadas dificultades para monopolizarlas, convirtiéndose así en los principales focos de atención.

        Si bien para obtener la plena atención de otras personas mediante el arte de la conversación, no solo es necesario tener algo interesante de qué hablar; también lo es comunicarlo de una forma lo suficientemente atractiva o sugerente. Razón por la que todos los hechiceros son individuos que ––cuanto menos a juicio de quienes caen presas de sus hechizos de seducción–– poseen un elevado grado de carisma y/o de magnetismo personal.

       Ahora bien: ¿Significa todo esto que tendremos que colgar la etiqueta de hechiceros a todos los individuos especialmente carismáticos o magnéticos que monopolicen alguna conversación?

       En absoluto.

       Tan solo etiquetaremos como tales a los que, así sea de un  modo más sutil o descarado, hagan por dirigir las conversaciones hacia los temas de su predilección de forma premeditada; vale decir, sin que el curso natural de las circunstancias ––o voluntad de sus contertulios–– les haya invitado a hacerlo.

Otra de las grandes diferencias que encontraremos entre los hechiceros y los pesados, es la de que al caer bajo el absorbente influjo atencioenergético de los primeros, ni por asomo nos sentimos tan debilitados o desgastados como al caer en el de los segundos.

       En lo que a la captura de la atención y la sustracción de la energía vital ajena se refiere, los pesados actúan como atracadores a mano armada, y los hechiceros como ladrones al descuido. Mientras que los primeros arrancan a la fuerza la energía vital de sus víctimas, los segundos se la sustraen sin que se den cuenta de ello. A diferencia de los pesados, los hechiceros no reclaman la atención de maneras burdas, sino bien elaboradas; y en ningún caso gratuitas, sino ofreciendo a cambio sugerentes estímulos. Tanto es así, que consiguen que sus víctimas, hallándose distraídas por el estimulante hechizo de sus discursos y/o personalidades, ni tan siquiera adviertan ––o apenas lo hagan–– las elevadas pérdidas de energía vital que sufren al conferirles atención.

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EL GRAN MAPA de consciencia DEL AMOR y las relaciones

Llamémosles… ellos

Drácula: Adaptación teatral

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