Los flujos de energía vital y su toma de consciencia

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Los flujos de energía vital y su toma de consciencia.

La energía vital es la fuerza propulsora de nuestra voluntad y, por ende, la que nos permite realizar todos y cada uno de nuestros movimientos; tanto los conscientes, como los subconscientes y los inconscientes[1].

       Disponer de un mayor o menor grado de vigor, iniciativa y confianza, de una mayor o menor capacidad de reacción y agilidad física o mental, o incluso de una mayor o menor resistencia al frío, al cansancio, y al dolor ––físico o psicoafectivo––, depende, principalmente, de que nuestros niveles de energía vital sean mayores o menores.

       Una vez que advirtamos cómo nuestros niveles de energía vital disminuirán o aumentarán, dependiendo de lo prolongada y/o concentradamente que confiramos o nos sea conferida atención, a buen seguro que comenzaremos a exigir que nuestras interacciones atencionales realmente nos merezcan la pena[2].

Y, he aquí, el momento de plantear la pregunta que, la inmensa mayoría de lectores, ya os estaréis haciendo:

       ¿Qué debemos hacer para percibir los flujos de energía vital que transferimos de unos a otros mediante la conferencia de nuestra atención?

       Ante todo, comenzar a utilizar nuestra intuición de una forma plenamente consciente. Algo que, tal y como ya se dijo con anterioridad, no entraña ningún misterio; para ello únicamente necesitamos volcar nuestra atención ––o, cuanto menos, parte de la misma–– en la observación de nuestras sensaciones internas.

       Si bien para percibir conscientemente los flujos de energía vital, necesitaremos observar minuciosamente nuestras sensaciones internas porque no todas ellas son la consecuencia de la emisión y/o recepción de estos flujos.

       Con el objetivo de romper la barrera que nos impide tomar consciencia de la contraparte energética del mundo de los objetos llevaremos a la práctica lo más asiduamente que podamos los dos ejercicios que expondré a continuación. El primero nos ofrecerá, ya desde un primer momento, resultados muy ostensibles.

 

Ejercicio 1º: para tomar consciencia de las sensaciones ocasionadas en nuestro cuerpo energético, “después” de la emisión o recepción de flujos de energía vital

Este ejercicio consiste en observar qué altibajos se producirán en nuestra libido o estado anímico, una vez que nos separemos de las personas con las que interactuemos atencionalmente de una forma particularmente descompensada[3]; bien porque seamos nosotros quienes les confiramos un grado de atención muy superior al que éstas nos confieran a nosotros, o porque suceda lo contrario.

Pongamos que nuestro amigo Sebastián acude a nuestra casa para que le relatemos las experiencias que hemos vivido durante nuestro viaje a la selva amazónica; que éste se pasa media hora de reloj escuchando muy atentamente nuestro relato; y que, inmediatamente después, se marcha a toda prisa para llegar puntual a su trabajo.

       Pues bien: si, tras la marcha de Sebastián, nos detuviésemos a observar nuestras sensaciones internas, comprobaríamos que nuestros niveles de energía vital habrían sufrido un considerable incremento. Algo que, obviamente, sería la consecuencia de que, durante el tiempo que duro su visita, fue mucho mayor el grado de apertura atencional que él nos confirió a nosotros, que el que nosotros le conferimos a él.

Pongamos ahora que acudimos a una reunión de vecinos de nuestra finca en la que permanecemos la mayor parte del tiempo escuchando las opiniones y quejas que algunos de ellos tienen al respecto de diferentes cuestiones. Y que, justo al darse por terminada la reunión, observamos nuestras sensaciones internas.

       ¿Qué sucedería entonces?

       ¿Nos sentiríamos también esta ocasión más revitalizados de lo que sentíamos estarlo anteriormente?

       En absoluto.

       Más bien todo lo contrario: comprobaríamos que, desde el momento del inicio al de la finalización de la reunión, nuestros niveles de energía vital habrían menguado considerablemente; puesto que, dadas las circunstancias referidas, fuimos nosotros quienes, durante el transcurso de la misma, conferimos un grado mucho mayor de apertura atencional a nuestros vecinos, del que estos nos confirieron a nosotros.

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EL GRAN MAPA de consciencia DEL AMOR y las relaciones

Llamémosles… ellos

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