La atención como un puente para la energía

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La atención como un puente para la energía.
El puente de la atención. Capítulo 2.

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Encontraremos el origen etimológico del término “atención”, en el término latino “attentio”; que a continuación procederemos a descomponer para facilitar la comprensión de su significado más esencial.

       El vocablo attentio está conformado por tres partes: el prefijo ad-, que significa “hacia”; el verbo tendere, que significa “tender” o “estirar”; y el sufijo –ción, que implica “acción y efecto”. Unificando sus respectivos significados, extraemos la siguiente definición: “acción y efecto de tenderse o estirarse hacia”.

       Esto es precisamente lo que hacemos cuando volcamos nuestra atención sobre cualquier elemento interno o externo a nosotros mismos: extendernos o transferirnos, obviamente, no física, sino energéticamente, hacia dicho elemento.

       Partiendo de la base de que, en efecto, la atención sirva como un puente para que la energía realice sus viajes extra corporales, deduciríamos que, en cada una de las ocasiones en las que un primer elemento ––el elemento observador–– confiera atención a un segundo elemento ––el elemento observado––, sus respectivas energías entrarían en mutuo contacto y, consecuentemente, reaccionarán la una con la otra.

       Aplicado a circunstancias humanas, esto último significaría que siempre que observamos o conferimos atención a otra persona, empujamos no solamente a nuestra energía a reaccionar con la suya, sino también a la de ésta a hacerlo con la nuestra; lo que igualmente sucederá, aún en aquellos casos en los que la persona observada o atendida, permanezca ajena al hecho de estar siendo, valga por esta vez la redundancia, observada o atendida.

Estoy completamente seguro de que, la inmensa mayoría de nosotros, habrá tenido en más de una ocasión la oportunidad de comprobar cómo al volcar su atención sobre otra persona que ignoraba estar siendo observada, acabó viéndose sorprendido infraganti cuando ésta ––como por arte de magia si nos paramos a pensarlo detenidamente–– se volvió sobre sí misma y enfrentó esa mirada ––la nuestra–– que, sólo un instante antes, tenía clavada en su cogote.

       Tampoco me cabe la menor duda, de que habremos tenido ocasión de vivir esta misma situación a la inversa; es decir, siendo nosotros quienes volvimos el rostro hacia el emplazamiento espacial exacto ––y, con “exacto” quiere decirse, ni un centímetro más hacia la derecha o izquierda––, donde precisamente se hallaba situado aquel par de ojos que tanto interés estaban mostrando en nuestra persona.

       ¿Sí? ¿Recordamos, aunque sólo sea vagamente, haber vivido alguna de éstas ––por lo menos ahora que nos detenemos a examinarlas con un mayor detenimiento–– tan intrigantes experiencias?

       De ser así, estupendo. Porque entonces será nuestra experiencia, la que nos instigue a plantearnos la posibilidad de que el puente atencional energético sea, efectivamente, un hecho tan objetivo como el de la fuerza de la gravedad. En caso contrario, tendríamos que preguntarnos qué otro factor si no el de la energía que viaja a través del puente de la atención, fue entonces el que, durante este tipo de insólitas situaciones, alertó al subconsciente de la persona observada de la que era precisamente “la atención” que otra persona volcaba sobre ella.

       Como respuesta a este interrogante, puede que muchos pensemos: ¿Pues qué otro factor va a ser? ¡El de la intuición!

       Y no estaríamos equivocados. Porque la intuición es uno de los dos elementos de los que dicho factor está conformado.

       Me explico: ¿Cuáles son los dos elementos fundamentales queel_puente_de_la_aten_cover_for_kindle necesitamos para obtener la percepción visual, que nos permitirá detectar la presencia de un objeto físico que se aproxima hacia nosotros?

       Muy sencillo: por una parte necesitaremos a nuestros ojos; y, por la otra, al objeto que se aproxima hacia nosotros.

       Siguiendo el hilo de esta aplastante lógica, concluimos que para obtener una percepción intuitiva, además de a la propia intuición, también necesitaremos de la presencia de algo que ésta pueda detectar; y, que, en los casos anteriormente referidos, era el flujo de energía que llegaba hasta el observado, a través del puente que el observador tendía hacia él al conferirle su atención. Por consiguiente, afirmar que fue la intuición o, en su defecto, dicho flujo de energía, el factor que permitió que el observado descubriera infraganti al observador bajo tan misteriosas circunstancias ––que a partir de ahora ya no lo serán tanto––, viene a ser, en esencia, la misma cosa.

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2 Comentarios

  1. Hola, me resulta muy interesante el articulo y el tema en general, elaboro una investigación con relación a las conexiones mentales, telepatía, etc; he leído otros de sus artículos y me gustaría saber si ¿éstos tienen otra fuente o si son teorías propias? y los basamentos de los mismos… Gracias por su colaboración.

    • Hola Angélica. Los contenidos de los capítulos de este libro (no son artículos) parten de mi experiencia personal… así que en modo alguno los considero teorías, sino hechos. Si bien entiendo que para quienes todavía no hayan alcanzado la experiencia o experiencias pertinentes no sean más que teorías. Por esa razón acompaño casi todas las explicaciones con ejemplos de situaciones cotidianas que nos darán acceso a nuestra memoria “sensacional” y, de este modo, nos aproximaran a la experiencia directa. Te recomiendo que te leas, si no lo has hecho ya, los capítulos 5 y 6 de el puente de la atención (en susodicha pestaña empezando desde atrás).. seguramente sus contenidos te lanzarán a la experiencia directa.

      Todo lo que aquí describo puede ser comprobado mediante la propia experiencia siguiendo los pasos indicados capítulo a capítulo. La telepatía encuentra su origen en la que es nuestra percepción intuitiva de todos estos flujos de energía que los seres humanos transferimos de unos a otros. Por cierto, si investigas al respecto de la telepatía te propongo que cuando te piten los oídos, simplemente esperes a ver que persona acude a tu mente (esto es sin buscar nada), le pegues un telefonazo a dicha persona y le preguntes si estaba hablando con otra persona de ti o, cuanto menos, pensando en ti. De pronto, comprobarás que has dado en la diana. La telepatía es un proceso puramente intuitivo.. es decir, vinculado directamente a los flujos de energía.

      No obstante a esto sí existe al menos un libro (las nueve revelaciones o profecía Celestina) que habló antes que yo de estas circunstancias y transferencias energéticas. Aunque si te lees el libro comprobarás que lo hizo de un modo mucho más superficial e impreciso. Aquí estoy tratando de explicarlo todo de la “A” a la “Z”… todo lo metódicamente que me resulta posible.