Enamorados y enamoradores encubiertos

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pagafantas

Enamorados y enamoradores encubiertos.
El mapa (de consciencia) del amor (y las relaciones).

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A estos enamorados y enamoradores casi siempre nos lo encontramos encubiertos tras presuntos vínculos de amistad. Dos personas que aparentan ser muy buenos amigos, prácticamente inseparables, cuando la realidad es otra muy diferente.

Por un lado tenemos al amante encubierto ––vulgarmente conocido como pagafantas––. Éste es el sujeto que miente descaradamente, ya que dice ser amigo de otro sujeto al que no mira con los ojos de la amistad, sino con los del “amor” o, mejor dicho, los del enamoramiento o “encoña-pollamiento” ––apasionamiento afectivo-sexual––. Oculta sus sentimientos y deseos hacia la persona objeto de su “amor”, porque no se siente para nada seguro de estar siendo correspondido. Así que prefiere mantenerse lo más cerca de su “amado” o “amada” a la espera de que suceda lo que, en la mayoría de estos casos, resulta prácticamente imposible: que llegue el día en que su sentir sea correspondido.

Por otro lado tenemos al enamorador encubierto. Que, normalmente, solo permanece encubierto ante sus propios ojos; ya que para todos los seres cercanos a ambos “amigos”, resulta más que evidente que el primero se halla perdidamente enamorado de este último.  Aunque, por supuesto que, si el enamorador encubierto fuese un poquito más honesto consigo mismo, no tendría más remedio que reconocer lo que todos los demás ven con una perfecta claridad. Pero eso no entra dentro de sus intereses.

Un enamorado encubierto es un regalo energético para su correspondiente enamorador encubierto. La atención y energía que, de manera permanente, el primero confiere y transfiere, respectivamente, hacia el segundo, es “crem de la crem”.

Si el enamorador encubierto llegase a reconocerse a sí mismo que su “amigo” no es su amigo, sino su enamorado encubierto, se vería en la obligación moral de distanciarse de él para no exponerlo durante más tiempo al gran pesar que supone el no ser “amorosamente” ––afectivo-sexualmente–– correspondido. Y esto le exigiría un gran sacrificio; pues tendría que dejar de compartir su tiempo y alejarse de quien le brinda el más exquisito de los tratos. Y a este último respecto, cabría además preguntarse, si el enamorador encubierto consideraría a su enamorado encubierto tan buen amigo de no ser por ese trato de favor que este último le confiere.

Las parejas de enamoradores y enamorados encubiertos que han existido y existen en este mundo, son incontables.  Aunque las que tienden a perdurar más en el tiempo, suelen ser las de los hombres ejerciendo el rol de enamorados encubiertos de mujeres ejerciendo el de enamoradoras encubiertas. Más que nada porque las mujeres acostumbran a tener mucho mejor afinada su intuición y no se autoengañan con la misma facilidad que los hombres a la hora de alimentar la esperanza de ir a ser “amadas” por estos últimos cuando esa no es una posibilidad real. De ahí que el término “pagafantas” se use para definir a hombres y no a mujeres. Aunque, por supuesto, también existen muchas mujeres pagafantas; ya que el hecho de que normalmente no se mantengan tanto tiempo como los hombres en semejante situación, no las exime de ejercer o ejercer dicho rol.

También es cierto que las mujeres tienden a llevar el rechazo afectivo-sexual mucho peor que los hombres y, debido a ello, pueden dejar completamente sorprendidos a aquellos de entre estos últimos que para ellas ejerzan el rol de enamoradores encubiertos, debido a que, en un abrir y cerrar de ojos, pueden dejar de tratarlos con la docilidad y máxima consideración clásica de individuo  pagafantas, para pasar a hacerlo con la peor de las malas hostias.

¿Eres hombre y tienes o tuviste amigas que, de un día para otro y, sin razón aparente alguna, pasaron de tratarte como a un marajá a tratarte como a un pedazo de estiercol?

¿Sí? Pues deja de hacerte cábalas; aquí tienes la respuesta al porqué de su cambio radical de actitud hacia ti. Si bien esto es algo que, en el fondo, siempre supiste; solo que, debido a las razones expuestas tres párrafos más arriba, nunca te interesó reconocértelo a ti mismo.

Por su parte, los enamorados encubiertos se autoengañan queriendo pensar que llegará el día en que sus enamoradores encubiertos terminarán enamorándose de ellos. Sus tácticas de autoengaño más habituales son las de pensar que “el roce hace, en lugar del cariño, el enamoramiento”; que su enamorador encubierto está mal con su pareja y que no tardará en dejarla para caer directamente en sus brazos…

Pero lo cierto es que, al final de la corrida, los enamorados encubiertos acaban todos quedándose con un palmo de narices: vaciados afectivamente hasta límites muy extremos. Por eso sus enamoradores encubiertos debieran de esforzarse por no dejarse engañar y alejarse de ellos lo antes posible. Además, solo así les brindarán la posibilidad de encontrar a alguien que realmente los corresponda. Porque al igual que un enamorado normal y corriente, uno encubierto tampoco tiene ojos para nadie más que el objeto de su “amor”.

Lo creamos o no, lo cierto es que en la inmensísima mayoría de las grandes relaciones de “amistad” mantenidas entre una mujer y un hombre heterosexuales o dos hombres o mujeres homosexuales, nos encontraremos con que los que tenemos en realidad no es a un enamorado y a un enamorador encubiertos a los que, cada uno desde sus propios y muy diferentes intereses personales, les conviene simular poseer un mutuo vínculo de gran amistad.

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