Ejercicio visual para detectar los flujos de energía vital que otras personas nos transfieran al conferirnos su atención. El puente de la atención. Capítulo 22.

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flujos de energía

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En el capítulo anterior describimos los pasos que tenemos que seguir para crear una bola ––o más bien un campo–– de energía entre nuestras manos valiéndonos de la sola intervención y concentración de nuestra atención.
.     .Los campos de energía que, de este modo, creamos entre nuestras manos, son exactamente los mismos que transferimos sobre aquellas personas a las que conferimos nuestra atención, o que estas últimas transfieren sobre nosotros al conferirnos la suya.
.    .A continuación, vamos a describir los pasos que debemos seguir para, con la ayuda de otra persona, realizar un sencillísimo ejercicio que nos permitirá irnos acostumbrando a detectar sensible e incluso visualmente
1 los campos atencio-energéticos en el mismo momento en el que otras personas nos los transfieran.

  1. Buscar una sala que no sea excesivamente grande2, y a ser posible vacía de elementos que, aun sin darnos cuenta de ello, con su sola presencia puedan distraer o desconcentrar nuestra atención.

  2. Nos sentaremos en sillas o acomodados en el suelo el uno frente al otro a una distancia de metro y medio o dos metros, y a ser posible, con las espaldas bien erguidas3 .

  3. Ambos cerraremos los ojos retrayendo la atención nuestro interior, soltándola de nuestro compañero de ejercicio.

  4. Pasados entre 15 o 30 segundos, uno de nosotros, según se haya acordado, dirá “ahora” mientras abre sus ojos y se queda mirando al otro confiriéndole toda su atención a la espera de su reacción. El solo hecho de que el observador espere a ver cómo reacciona el observado, bastará para que éste primero se asegure de estar abriendo lo suficiente su atención como para realizar sobre el observado una transferencia de energía vital lo suficiente significativa.

  5. Para que el observado sea capaz de reconocer las sensaciones que le producirá esta transferencia, necesitará frenar todos sus procesos mentales en cuanta oiga a su compañero decir “ahora”. No pensar en nada. Solo observar lo que sucede. Y observar no implica buscar nada. Si se busca algo, muy difícilmente llegará a sentir la transferencia de energía que deberá ser reconocida como una especie de hinchazón o carga luminosa, y que para sorpresa de su receptor, en algunas ocasiones podrá incluso llegar a ser visualizada por su receptor. Si bien estas visualizaciones resultarán harto difíciles de describir con palabras.

  6. Si, efectivamente, el observador abrió o confirió su atención al observado, y este último detuvo sus procesos mentales en el momento preciso, sentiremos cómo repentinamente nos cargamos de energía.

  7. Luego, se repetirá este mismo ejercicio tantas veces como se desee pero intercambiándose en cada ocasión los papeles el uno por el otro; es decir, el observador por el observado, y el observado por el observador.

Por supuesto, este ejercicio puede realizarse al aire libre. Aunque, dado el caso, resultará mucho más complicado llegar a reconocer las sensaciones. No solo porque los espacios abiertos dispersan nuestra atención, sino, porque, además, las sensaciones que nos producirán los rayos del sol o las brisas de aire, tenderán a superponerse a las que a su vez nos producirán las transferencias de energía vital.

Veamos ahora cómo podemos llevar un poquito más lejos este ejercicio:

  1. Realizaremos el ejercicio tal y como ha sido descrito con anterioridad hasta llegar al momento indicado en el paso “6” en el que, si todo ha ido bien, el observado estará sintiendo cómo sus niveles de energía van incrementándose.

  2. El observado abrirá sus ojos sin mirar al observador, que sí mirará a los ojos del primero a la expectativa, esperando a ver su reacción. Los ojos son el principal foco de reclamación atencional de los seres humanos, y una vez el observado abra los suyos, el observador intensificará automáticamente el grado de atención que ya le estaba confiriendo antes de que abriera los ojos sin tener que hacer nada especial para ello.

  3. Una vez el observador abra los ojos, se asegurará de mantener sus procesos mentales detenidos, y entonces comprobará cómo el incremento que ya estaba sintiendo en sus niveles de energía, sufre a su vez un nuevo incremento. E incluso dado el caso de que no hubiese llegado a reconocer el primer incremento, muy probablemente este último le resulte más fácil de reconocer porque, vuelvo a insistir en ello, la apertura de sus ojos atraerá más intensamente la atención de su observador.

  4. Luego, sobra decir, cambio de papeles entre el observado y el observador.

Para llevar a cabo con éxito cualquiera de estos ejercicios, no debemos de conducirnos con escepticismo, ya que éste cierra nuestra atención sujetándola a los procesos mentales que resultan del mismo. Así que dejaremos a un lado cualquier tipo de duda que podamos tener al respecto, dejando nuestro escepticismo para después de realizar el ejercicio, si es que acaso consideramos haberlo realizado correctamente y no llegamos a percibir nada con bastante nitidez. Cosa que muy difícilmente llegará a suceder si se han seguidos los pasos aquí indicados debidamente. Sin duda alguna el paso que más problemas habrá de darnos, es el de detener nuestros procesos mentales, ya que son muchas cosas las que, muy sutilmente, podemos hacer con nuestra mente sin ni tan siquiera darnos cuenta de ello4.
.    .Otro detalle a tener en cuenta a la hora de realizar este ejercicio, es el de que ninguno de los participantes en el mismo, especialmente el observador, debe de cruzarse de brazos o componer mudhra1 alguno con dedos o manos. El observador debe de estar seguro de hallarse completamente abierto, tanto psíquica como físicamente; en caso contrario la energía que transferirá al conferir su atención al observado será menor y, por consiguiente, menos ostensible.
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Detectar estos flujos de energía vital que otras personas nos transfieren al interactuar con ellas y convertirnos en el receptáculo de su atención durante nuestras actividades cotidianas, nos resultará por norma general mucho más difícil que hacerlo al llevar a la práctica el ejercicio propuesto en este capítulo, ya que entonces nuestro procesos mental-racionales estarán enchufados, y desviarán nuestra atención de las sensaciones que estos flujos igualmente nos estarán produciendo.
.     .No obstante, en la misma medida que vayamos acostumbrándonos a pensar en términos de atención-energía, también iremos creándonos el hábito de dejar siempre disponible cierto grado de nuestra atención para, en el momento que consideremos propicio para estar transfiriendo o encajando flujos de energía vital, tratar de detener nuestros procesos mentales para así percibir conscientemente las sensaciones que, indefectiblemente, estos últimos estarán ocasionándonos.

1 Ver capítulo 11: técnicas para la protección energética.

1 En estos casos “visualmente” se refiere a un acto corporal nunca ocular.

2 El espacio abierto, dispersa nuestra atención y, por ende, la energía vital que mediante la conferencia de la primera transferimos. Por lo que las transferencias de energía resultan menos ostensibles para su receptor.

3 La energía siempre correrá mejor a través de nuestros cuerpos cuanto mejor alineados permanezcan nuestros principales chakras. Y para ello necesitamos permanecer con la espalda recta o erguida.

4 No estaría nada mal, sobre todo si eres un principiante en estas lides, hacer una sesioncilla de meditación de media hora antes de realizar este ejercicio. Meditación, eso sí, únicamente enfocada a detener el diálogo interior y a observar las sensaciones corporales y de la respiración.

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