Arquetipos clásicos de vampiro sentimental

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vampiro sentimental

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A continuación, procederemos a la descripción y estudio en profundidad de los siguientes arquetipos de vampiro sentimental:

  • El gallito/ la amazona: codicia sentimientos de valor e incluso de capacidad intimidatoria; inspira en otras personas sentimientos de cobardía e indefensión, e incluso miedo a ser agredidos ––así sea verbal o físicamente–– por ellos.
  • El don Juan/ la diva; codicia sentimientos de atractivo físico y/o psicoenergético y éxito en los lances de índole sexual; e inspira sentimientos de ser poco atractivo, e incluso un fracasado en lo que a conquistas de índole sexual se refiere.
  • El listillo/ la listilla: codicia sentimientos de agudeza y velocidad mental, e inteligencia; inspira sentimientos de ser poco inteligente, mentalmente lento, e incluso de poseer una excesiva inocencia ––vale decir, de ser un pardillo––.
  • El/ la sabelotodo: codicia sentimientos de formación cultural y/o académica; inspira sentimientos de incultura e ignorancia.
  • El/ la superguay: codicia sentimientos de simpatía e integración y/o aceptación social; inspira sentimientos de falta de integración social, e incluso de no ser lo suficientemente simpático o agradable como para ganarse tantas o tan buenas amistades como “el superguay” posee o alardea poseer.
  • / Mrs. Happy: codicia sentimientos de ser feliz o de felicidad; inspira el sentimiento de no poseer una vida plena o incluso de ser un amargado.
  • / Mrs. “Déjame a mí que tú no sabes”: codicia sentimientos de buen hacer y/o de utilidad; inspira el sentimiento de no saber hacer nada bien, o incluso el de ser un inútil.
  • / Mrs. Formal: codicia sentimientos de protocolo y buena educación; inspira el sentimiento de no saber comportarse en público, o de ser un impresentable y/o un maleducado.
  • / Mrs. Profesional: codicia sentimientos de mejor hacer asociados a su trabajo o profesión; inspira a sus compañeros o colegas de profesión sentimientos de ser peores trabajadores o profesionales-
  • El/ la gurú o falso/a maestro/a espiritual: codicia sentimientos de sabiduría en su sentido más profundo y de desarrollo espiritual; inspira sentimientos de falta de sabiduría y desarrollo espiritual.
  • El brujo/ la bruja oscuro/a o el/ la intrigante: codicia sentimientos vinculados al desarrollo de la intuición y demás capacidades consideradas mágicas o paranormales; inspira el sentimiento de ser excesivamente racionalista y mundano, e incluso el de no poder llegar nunca a desarrollarse intuitiva o paranormalmente.
  • El don Perfecto/ Doña perfecta: codicia prácticamente cualquier tipo de sentimiento que el individuo en particular considere digno de admiración; inspira todo tipo de sentimientos de inferioridad.
  • El vampiro sentimental de poca monta, o cantamañanas: estos son los típicos individuos cuyas demostraciones de valor son tan burdas, o están apoyadas en argumentos tan pobres, que, en lugar de conseguir que otras personas les transfieran aquellos sentimientos de superioridad y/o admiración que codician, lo que no es, sino que les transfieran los sentimientos diametralmente opuestos; es decir, sentimientos de inferioridad.

Todo vampiro sentimental, independientemente de qué rol interprete o de en procura de qué clase de sentimientos ajenos deambule, no siempre conseguirá que las víctimas de sus demostraciones de valía le transfieran sus sentimientos de superioridad por las buenas, sino, que, en algunas o muchas ocasiones, conseguirá que lo hagan por las malas;

       El que un vampiro sentimental, consiga que las víctimas de sus demostraciones de valor le transfieran sus sentimientos de admiración o superioridad “por las buenas” o “por las malas”, dependerá de que el grado de consideración o sensibilidad para con los sentimientos ajenos con el que manifieste sus demostraciones de valor personal, sea, respectivamente, mayor o menor. De manera que, en el primero de los casos, mostrará su aspecto más seductor, así como en el segundo, su aspecto más insensible o monstruoso. Motivo por el cual, a la descripción general de cada uno de los arquetipos de vampiro sentimental que procederemos a realizar a continuación, le serán añadidos otros dos subapartados: el que corresponderá a la descripción de dicho arquetipo de vampiro sentimental “por las buenas”, y el que hará lo propio con el de “por las malas”.

 

  1. El gallito o la amazona

 Cuando un individuo ejerce el rol de gallito o de amazona, dependiendo de si se trata de un varón o una hembra, respectivamente, se afana por dar la impresión de ser muy directo, arrojado y, en definitiva, osado. Su pretensión no es otra que la de dirigir la atención de otras personas hacia la idea de que no le tiene miedo a nada ni a nadie para, de este modo, enmascarar el que, ¡qué a nadie le quepa la menor duda!, es su sentimiento de ser un miedica y un cobarde. Sentimiento o manojo de sentimientos, que tuvo que desarrollar en algún momento de su vida, a través de algún tipo de establecimiento de comparaciones con otra u otras personas del que, huelga decir, en modo alguno salió bien parado.

       Quizá podría haberse dado el caso de que su hermano mayor se pasase gran parte de su infancia maltratándolo física y/o psicológicamente, o de que sufriera en su barrio o colegio del que, esencialmente, sería el mismo tipo de acoso por parte de algún abusón o pandillita de abusones.

       Pero lo que sí es seguro, es que, en algún momento de su vida, no supo enfrentarse a sus injuriadores y, como consecuencia de ello, desarrolló un sentimiento de cobardía que quedó lo suficientemente arraigado en su interior como para convertirse, sino en el principal, cuanto menos sí en uno de los principales motores de su vida. No en vano, es su obsesión por demostrar que no son unos cobardes de los que nadie pueda reírse sin salir impune ––lo contrario de lo que en su día razonaron y sintieron respecto a sí mismos––, lo que instiga a todos los gallitos/amazonas a dedicar gran parte de su atención ––y energía–– a la construcción de sus máscaras ––o armaduras–– de rudeza.

  1. 1. El gallito/amazona por “las buenas”

 Estos individuos son aquellos que, mediante sus demostraciones de valía o formas de reclamo atencional empleadas para proyectar su pretenciosa imagen de rudeza, consiguen que quienes se hallen en su presencia se sientan admirados por su osadía y que, debido a ello, se sientan protegidos en su compañía.

       No obstante, siguiendo estos derroteros, también empujan a “sus protegidos” a transferir sobre ellos sus respectivos sentimientos de valor; por lo que los instigan a razonar no ser lo suficientemente valientes como para poder defenderse por sí mismos en caso de llegar a resultarles necesario.

       Dicho esto, lo que el gallito/amazona “por las buenas” también propiciará con su actitud demostrativa y proteccionista, será que otras personas, especialmente aquellas que, ya de por sí, se sientan más indefensas y/o desprotegidas que otras, desarrollen vínculos de dependencia hacia él/ella en lo que a sus sentimientos de protección frente a ataques externos se refiera. De tal manera que, si llegasen a verse inmiscuidas en cualquier tipo de enfrentamiento con terceras personas en la presencia de su gallito/amazona en particular, tenderían a esperar que fuese este/a último/a quien saliera en su defensa, en lugar de proceder a hacerlo ellas mismas.

  1. 2. El gallito/amazona por las malas

Los gallitos/amazonas “por las malas”, son los intimidadores por antonomasia.

       Se trata de esa clase de individuos cuya sola presencia, basta para inspirar en otras personas los que, esencialmente, son los mismos miedos y sentimientos de inferioridad que, en su día, estos primeros llegaron a sentir y desarrollar.

       Estos sujetos se alimentan, pues, tanto de los correspondientes sentimientos de valor o incluso poderío físico que otros sujetos les transfieren ––que raramente entrañan admiración en el buen sentido de la palabra––, como del miedo que a estos últimos inspiran ante la idea de poder llegar a ser agredidos ––así sea verbal o físicamente–– por ellos.

       Por enfermizo que pueda resultar, lo cierto es que los gallitos/amazonas “por las malas”, convierten el miedo ajeno en uno de sus más preciados alimentos energéticos. Cuanto más miedo inspiran a otras personas, más se les hincha el ego. De ahí que acostumbren a alardear de cómo intimidaron o achantaron a otras personas; normalmente a aquellas que, a juicio suyo, trataron de ofenderlos o de ponerse chulas con ellos. Y es que, el miedo que inspiran, les ayuda a sentirse seguros; ya que, autoengañados, razonan que, de este modo, nadie “volverá” a meterse con ellos. Una estratagema que sería realmente efectiva, de no ser porque, cuando un individuo interpreta el rol de gallito/amazona, atenta contra los sentimientos de cobardía y miedos a ser intimidado y/o humillado de otras personas.

       ¿Y quiénes tenderán a ser más susceptibles a semejantes provocaciones?

       Pues, obviamente, otros gallitos o amazonas.

       Y ya se sabe lo que sucede al meter a dos gallos en un mismo corral: que ambos tienen que demostrar cuál es el más “machote” y, consecuentemente, siempre terminará siendo uno de ellos el que tendrá que someterse al sentimiento de valor o incluso a la fuerza física del otro; por lo que, a la postre, no hará, sino que reencontrarse nuevamente con los mismos sentimientos de cobardía y humillación de los que, a toda costa, trata de evadirse.

       Más tarde o más temprano ––normalmente más temprano que tarde––, todo cerdo encuentra su San Martín. Por lo que, a fin de cuentas, las máscaras de rudeza que los gallitos/amazonas se construyen con la intención de evitar tener que volver a enfrentarse con sus sentimientos de cobardía, no hacen, sino que empujarles a tener que hacerlo así, en cada uno de las no pocas ocasiones en las que chocan con otro gallito/amazona con más malas pulgas que ellos/ellas; o incluso con cualquier otra persona que se enfrente a ellos tras sentirse provocada por semejante forma de arrogancia.

 

  1. El don Juan, o la diva

Los individuos que ejercen el rol de don Juan o de diva, dependiendo, respectivamente, de si son machos o hembras, son aquellos que tienen la imperiosa necesidad de demostrar a quienes les rodean lo mucho que atraen física y/o sexualmente a otras personas.

       Según sus propias apreciaciones de la realidad ––objetivas o no––, son muy pocos los sujetos que no caen rendidos ante el irresistible hechizo de su presunta belleza y/o sexapil.

      Esto es lo que intentarán hacer creer a las posibles víctimas de sus intentonas de demostración de valía para, de este modo, convencerlos de lo contrario de lo que en el fondo sienten respecto a sí mismos; esto es, no ser lo suficientemente atractivos para otras personas; sentimientos, en definitiva, de inferioridad, que, evidentemente, desarrollaron mediante alguna forma de comparación respecto a otras personas de la que salieron malparados.

       Puede que, siendo niños, sintieran que sus padres les hacían menos caso a ellos que a sus hermanos ––lo que ni siquiera tendría porque ser cierto–– debido a que estos últimos eran más guapos que ellos ––lo que tampoco tendría porque ser cierto––; o puede que se sintieran rechazados por la primera persona de la que se enamoraron, e igualmente llegaron a la conclusión de que no eran lo suficientemente guapos, o de que no sabían cómo manejarse a la hora de seducir amorosa y/o sexualmente a otras personas. Pero, de un modo u otro, lo que sí es seguro es que, en algún momento de sus vidas, desarrollaron sentimientos de inseguridad directamente vinculados a su propia belleza o capacidad de seducción, que quedaron poderosa e hirientemente arraigados en sus consciencias. Sentimientos que, posteriormente, mediante la construcción de sus mejor o peor elaboradas máscaras don Juanescas, intentan encubrir tratando de hacer razonar a otras personas lo contrario de lo que llegaron a sentir respecto a sí mismos.

       Lo que los don Juanes/divas consiguen cuando consiguen hacer razonar a sus víctimas ––basándose o no en circunstancias reales–– lo muy guapos, atractivos, o seductores que son, es que estas desarrollen para consigo mismas los sentimientos de ser menos guapas, atractivas o seductoras que ellos y que, consecuentemente, les transfieran las contraparte positivas de susodichos sentimientos.

       Consecuentemente, estos especímenes, tienden a ser muy coquetos, ya que, tal y como acaba de referirse, actúan como si fuesen el centro de todas las miradas de índole sexual.

       Si bien lo cierto es que, no es únicamente este arquetipo de vampiro sentimental en particular, sino, que, más bien, lo son todos ellos en general los que, obsesivamente involucrados en la representación de sus respectivas y, a juicio suyo, tan admirables formas de ser, tienden a desarrollar el auto convencimiento de estar siendo continuamente observados y/o admirados por quienes les rodean, debido a aquellas cualidades personales que, tan tenazmente, se afanan por exaltar o exhibir.

  1. 1. El don Juan o la diva, por “las buenas”

Podrá hablarse de don Juanes o de divas por las buenas, siempre y cuando aquellos individuos que interpreten estos roles de conducta, lo hagan con la suficiente sutiliza o afabilidad, como para no hacer sentir claramente rebajadas a las víctimas de las que, a fin de cuentas, serán sus demostraciones de valía.

        Hasta puede darse el caso de que algunos de entre estos especímenes, consigan que las víctimas de sus reclamaciones de atención, consideren que, escuchando los relatos de sus lances amorosos u observando la forma en la que ellos se manejan en los mismos, podrían aprender lo suficiente como para acabar teniendo tanto éxito en materia de seducción como ellos mismos tienen o, cuanto menos, como se esmeran por dar a entender que tienen.

  1. 2. El don Juan o la diva, por las malas

Podrá hablarse de don Juanes o de divas por las malas, siempre y cuando estos individuos, interpreten sus roles de conducta sin haber aprendido a disimular lo suficiente ––o sin molestarse en hacerlo––, la siempre inevitable circunstancia de que para poder exaltar su presunta belleza y/o su habilidad para la seducción sexual, necesitan descalificar o despreciar a las de otras personas; empujándolas, por consiguiente, al desarrollo de los sentimientos de inferioridad correspondientes de un modo demasiado ostensible y, por ende, en mayor o menor grado hiriente u ofensivo. Y es que, tal y como ya se viene repitiendo desde que comenzamos a tratar el tema del vampirismo sentimental, en cualquiera de los casos en los que uno se maneja desde la que indistintamente sea su forma de arrogancia, también sacará a relucir las presuntas carencias de su público.

       Seguramente, todos nosotros habremos tenido alguna vez la ocasión de conocer ––o incluso, por qué no, de encarnar–– a alguno de estos petulantes personajes que, actuando como si se creyeran mucho más bellos y/o seductores que la inmensa mayoría de sus semejantes, tratan con una excesiva condescendencia ––o incluso desprecio–– a aquellos amigos o conocidos que les manifiestan sus pretensiones de querer gustar o seducir a otra persona.

 

  1. Los listillos o listillas

Los listillos son aquellos individuos que utilizan cualquier pretexto a su disposición para enmascarar los sentimientos que, bajo a saber qué tipo de circunstancias comparativas, llegaron a desarrollar al respecto de no ser lo suficientemente inteligentes, o de no estar todo lo espabilados que debieran.  Con este propósito entre ceja y ceja, se mantienen en un estado de alerta permanente para demostrar a otras personas lo muy inteligentes que son, o lo muy espabilados que están; con lo que, consecuentemente, de llegar a consumar exitosamente susodichas demostraciones, también empujarán a estas últimas a desarrollar para consigo mismas los sentimientos de ser menos inteligentes o de estar menos espabilados que ellos; o, incluso, en los casos más extremos, de ser unos verdaderos pardillos.

  1. 1. Los listillos o listillas, por “las buenas”

Los listillos/ listillas por “las buenas”, son aquellos individuos lo suficientemente hábiles o carismáticos, como para empujar a otras personas a sentirse admiradas por su inteligencia o por su agilidad y/o agudeza mental, sin por ello advertir que estos primeros también las estarán empujando a descalificarse a sí mismas en el sentido diametralmente opuesto.

       Los listillos/listillas por “las buenas”, son los típicos individuos que instigan a otras personas a desarrollar el convencimiento de que más les valdría tener siempre muy en cuenta sus opiniones o consejos porque, en caso de no hacerlo, tendrían muchas más posibilidades de llegar a meterse en problemas. Por lo que, todos aquellos sujetos que caigan en las redes de seducción de los listillos, tenderán a desarrollar un mayor o menor grado de dependencia o adhesión hacia los sentimientos de inteligencia o agudeza mental de estos últimos.

  1. 2. Los listillos o listillas, por las malas

Estos individuos, son aquellos que aprovechan prácticamente cualquier pretexto para, de un modo demasiado evidente, brusco, burlesco y, en definitiva, insensible, sacar a relucir las ––siempre a juicio suyo–– carencias de otras personas en lo que a sus niveles de inteligencia o agilidad mental se refiere; empujándolas de este modo a desarrollar sentimientos, en mayor o menor grado humillantes, de ser excesivamente tontas o cortas.

 

  1. Los sabelotodo

La línea que separa a los sabelotodo de los listillos, puede llegar a ser realmente delgada. De hecho, estos son dos arquetipos de conducta que, en muchas ocasiones, se complementan a la perfección en un solo individuo. Si bien la característica fundamental que distingue a los unos de los otros cuando no se ha producido esta forma de fusión referida, es la de que, así como los primeros, alimentan intentan su ego a partir de sus demostraciones de inteligencia o astucia, los segundos hacen lo propio mediante la insistente repetición y/o exhibición de aquellos conocimientos que tuvieron ocasión de adquirir mediante su formación académica ––si acaso es que la tienen––, los libros que leyeron, o incluso los documentales o programas divulgativos que vieron por televisión.

       Se trata de individuos que, en definitiva, se comportan como si sus estudios y/o acumulación de conocimientos, los convirtiera en seres superiores.

       Sean o no capaces de recordarlo o no ––o incluso de reconocérselo a sí mismos––, lo cierto es que, en algún momento de sus vidas, estos individuos, tuvieron que desarrollar sentimientos, llamémoslos de incultura y/o ignorancia general, a través de a saber qué tipo de comparaciones con otras personas de las que, obviamente, no salieron bien parados.

  1. 1. Los sabelotodo por “las buenas”

Los sabelotodo por “las buenas”, son aquellos individuos que instigan a otras personas a sentirse admiradas de lo mucho que saben o de lo bien formadas académicamente que presumen estar ––sea esto cierto o no––, pero, sin por ello, permitirles advertir que también las están instigando a sentirse unas incultas o iletradas y, por ende, a desarrollar para consigo mismas los sentimientos de inferioridad correspondientes.

       Los sabelotodo por las buenas, tenderán a conseguir que, quienes más habitualmente caigan en sus redes de seducción, sean precisamente otros individuos que también alberguen en su interior sentimientos de incultura y/o ignorancia, pero, que, a diferencia de estos primeros, no hayan encontrado la forma de encubrirlos o de compensarlos mediante el desarrollo de los sentimientos de superioridad complementarios.

       Aunque, ni que decir tiene que, esto último, es lo que tenderá a suceder naturalmente con todos los vampiros sentimentales en general; es decir, que seducirán con mucha más facilidad a aquellos individuos que hayan desarrollado unos sentimientos de inferioridad esencialmente similares a los suyos, pero que, no obstante, no hayan aprendido a encubrirlos bajo las máscaras de arrogancia y/o superioridad correspondientes.

       De este modo, un individuo que haya desarrollado el sentimiento de ser un ignorante, se sentirá mucho más deslumbrado por las demostraciones de valía de un sabelotodo, que por las de un gallito o un don Juan. 

  1. 2. Los sabelotodo por las malas

Hablaremos de sabelotodos por las malas, siempre y cuando estos individuos interpreten sus roles de conducta, sin haber aprendido a disimular ––o sin molestarse en hacerlo–– la siempre inevitable circunstancia de que para poder realizar sus demostraciones de valor, necesitan descalificar los conocimientos y/o formación académica de otras personas; empujándolas, por consiguiente, al desarrollo de los sentimientos de inferioridad correspondientes de un modo demasiado ostensible y, por ende, en un mayor o menor grado hiriente u ofensivo.

 

  1. Los “superguays”

Los “superguays”, son aquellos individuos que, así sea con un mayor o menor descaro, alardean o se esfuerzan por hacer muy ostensible el hecho de ser personas que, debido al hecho de ser muy simpáticas y/o agradables, poseen muchas amistades o pertenecen a círculos sociales mucho muy amplios y, ni que decir tiene, mucho más exquisitos, que los de otras personas. De este modo es cómo alimentan su ego o, lo que viene a ser lo mismo, como tratan de encubrir o disimilar las heridas que, en algún momento u otro de sus vidas cuando, sufrieron en su autoestima al desarrollar el sentimiento de no poseer bastantes amistades o de no hallarse lo suficientemente integrados socialmente, por el hecho de no ser lo suficientemente simpáticos y/o agradables.

  1. 1. Los “superguays” por “las buenas”

Los “superguays” por “las buenas”, son aquellos sujetos que consiguen hacer desarrollar a las víctimas de sus demostraciones de valía, el sentimiento ––engañoso o no–– de ir a recibir un mejor trato o de ir a ser tenidas en más alta consideración por otras personas, solamente por hallarse en buenas relaciones con ellos o incluso por ir en su compañía.

       La forma de razonamiento habitual de cualquier individuo que hubiese caído en las redes de seducción de un “superguay”, bien pudiera ser la siguiente:

       “Si otras personas me ven en la compañía y en tan buenas relaciones con alguien tan guay ––simpático, querido, etcétera––, muy posiblemente se pensarán que también yo soy muy guay, y querrán conocerme y mantenerse en buenas relaciones conmigo”;

No es, pues, de extrañar, que los “superguays” tiendan a hacer caer con mucha más facilidad en el influjo sugestivo de sus demostraciones de valor, a aquellos individuos que, ya de por sí, alberguen sentimientos de falta de carisma y/o desintegración social.

  1. 2. Los “superguays” por las malas

 Los “superguays por las malas son aquellos individuos que, al dar rienda suelta a sus demostraciones de valor, sacan a relucir con demasiado descaro o falta de sutileza y/o sensibilidad las que, a juicio suyo, son las carencias de sus víctimas a la hora de hacer amistades o de car bien a otras personas y, por consiguiente, de conseguir que estas últimas se abran a ellas y se muestren predispuestas a permitirles el acceso o integración a los grupos de gente o círculos sociales a los que pertenecen.

       En resumidas cuentas y, aunque no sea este su verdadero deseo, los “superguays” por las malas, instigan a las víctimas de sus reclamos atenciosentimentales, a un desarrollo excesivamente desconsiderado o incluso cruel, de sentimientos tales como el de no tener las suficientes amistades ––o al menos no, lo suficientemente buenas o valiosas––, o el de ser un antipático y/o un inadaptado social.

       “Es que eres un rancio o un antipático”; “es que mira con qué clase de gente te juntas”; etcétera.

 

  1. Mr/Mrs. Happy

Los Mr/Mrs. Happy son aquellos sujetos cuya principal obsesión ––o cuanto menos una de las principales––, es la de proyectar hacia su exterior la imagen de ser personas que se hallan en un estado de positivismo y felicidad permanente; hasta el punto que algunos de ellos llevan prácticamente a toda hora incrustada en la cara, una de esas mejor o peor disimuladas sonrisas de postín.

       Por lo visto, para los Mr./ Mrs. Happy, todo resulta motivo de fiesta y alegría, o incluso de éxtasis para aquellos de carácter aun más dramático. Todas sus experiencias parecen resultarles enteramente satisfactorias; la gente con la que se encuentran es maravillosa: los alimentos que consumen saben a gloria; los lugares que visitan son fascinantes; etcétera.

       Estos individuos, actúan como si el viento soplase en todo momento a favor suyo y, por ende, como si el influjo de las leyes de la naturaleza, que de un modo inexorable siempre termina por vaciar lo que en su día estuvo lleno, y por llenar lo que anteriormente estuvo vacío, no pudiera afectar a sus respectivos estados de ánimo.

       En resumidas cuentas, estos individuos actúan como si siempre estuviesen bien; como si para ellos todo estuviese siempre bien; o como si su percepción de sí mismos y del mundo que les rodea, se hallase en todo momento filtrada por una siempre optimista lente de color de rosa.

       Otra de entre las principales cualidades de los Mr./ Mrs Happy, es la de que tienen la facilidad de ayudar a otras personas a hinchar su ego; puesto que, tal y como se dijo con anterioridad, actúan como si todos fuesen seres maravillosos. Por consiguiente, estos sujetos, tienden a ser los que mejor se manejan en lo que a las artes adulatorias se refiere y, consecuentemente, aquellos que empujan más intensamente a otras personas a depender de ellos a la hora de encontrar razones para desarrollar sentimientos de valoración y/o admiración por sí mismos.

       Los complejos o sentimiento de inferioridad que los “Happys” intentan encubrir o enmascarar mediante su manifestación de las formas de conducta referidas, serían, fundamentalmente, los de ser unos pesimistas y/o unos amargados; sentimientos estos últimos que, por fuerza mayor, desarrollaron a partir de la vivencia de algún tipo de situación que los condujo a razonar ser menos ––o mucho menos–– optimistas, alegres, o positivos que aquellas otras personas con las que, en definitiva, tuvieron la ocasión de compararse.

  1. 1. Los Mr./Mrs. Happy por “las buenas”

 A grosso modo, estos individuos son aquellos que, además de obsesionarse por generar una aureola de buen rollo alrededor suyo en todo momento––ni que decir tiene, emanante de su presunto optimismo personal––, encuentran el camino para hacerlo de un modo lo suficientemente sutil como para no empujar con un excesivo descaro a otras personas a sentirse unas amargadas irremisibles. Y es que, a fin de cuentas, todo aquel que caiga bajo el influjo hechicero de un “Happy”, tenderá a desarrollar siempre mediante sus comparaciones personales con este último, sentimientos de no ser lo bastante alegres, optimistas, positivos, entusiastas, o incluso atentos a la hora de sacar a relucir o de ensalzar las virtudes de otras personas.

  1. 2. Los Mr./Mrs. Happy por las malas

Los Mr./Mrs. Happy por las malas, son aquellos sujetos cuyas formas de conducta de carácter demostrativo empleadas para exaltar lo muy optimistas, alegres, o entusiastas que ellos son, se apoyan con un excesivo descaro en la exaltación de las cualidades diametralmente opuestas de otras personas; empujándolas por consiguiente a desarrollar los sentimientos de ser unos pesimistas, unos aguafiestas, o incluso unos amargados de un modo demasiado brusco o insensible.
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Otras obras completas del autor:

EL GRAN MAPA de consciencia DEL AMOR y las relaciones

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